martes, 26 de junio de 2007

Nieve de primavera

Yukio Mishima (Kimitake Hiraoka) escribió en una carta (3 de julio de 1945) a su mentor literario Fumio Shimizu las siguientes palabras: “Yo quiero comprometerme en mi trabajo creyendo que nuestra influencia literaria continuará proporcionando ciertos significados poderosos al estado actual”. Podríamos pensar que la publicación de su tetralogía, “El mar de la fertilidad”, confirma de cierta manera estas ideas. Son cuatro obras consideradas su testamento ideológico y literario, pero expresan también de una manera fiel, si es que se piensa que la ficción es más verdadera que la realidad, la transición o el salto de Mishima desde lo autobiográfico hasta verse convertido en el líder de una revuelta cultural.
Nieve de primavera (Haru no yuki, 1968) es la primera novela de esta serie y se centra en Kiyoaki protagonista junto a Satoko de un amor desgraciado y fatal, motivo recurrente en la literatura japonesa. Participan en la trama también su amigo íntimo y confidente Honda; dos príncipes de Siam; Iiuma tutor de Kyoyaki; una sirvienta llamada Tadeshina; la abadesa del templo de Gesshu, y por supuesto las familias de ambos amantes.
Si bien podríamos centrarnos en la historia de amor, lo que me interesa destacar son las constantes digresiones filosóficas, políticas, sociológicas, literarias, culturales, aspectos sobre las costumbres y normas de la sociedad japonesa a lo largo del texto. Intervenciones en el relato, donde el escritor divaga sobre aspectos que aparentemente son secundarios, describiendo un paisaje o insertando una anécdota, un recuerdo, etc.
Por ejemplo, referente al protagonista se afirma: “El apuesto joven creía que esta futilidad condicionaba su existencia. Su convicción de no tener en la vida otro destino que actuar como irreversible veneno era parte de su carácter de dieciocho años. (…) Lo único que le parecía válido era vivir para las emociones, morir sólo para resucitar, mermando o subiendo sin dirección o propósito”.
En cuanto a la sociedad japonesa, Iiuma frente al sepulcro del abuelo de Kiyoaki se pregunta: “¿Por qué vivimos una era de decadencia? ¿Por qué el mundo desprecia el vigor, la juventud, las ambiciones honorables y la sinceridad? … Los hombres solo piensan en dinero y mujeres. Se han olvidado de lo que es propio del hombre. Aquella gran edad de los dioses y los héroes pasó con el Emperador Meiji … ¿Cómo soportar una edad que ha manchado todo lo que en otros tiempos fue sagrado? … ¿Debo morir para expiar por mi fracaso?”. Este modo de intercalar diversos aspectos, en la urdimbre narrativa, sirve para complicar la acción, anticipando elementos que serán retomados más adelante o puede coincidir con un flash-back, cuando se describe la vida y maneras de ser de Kiyoaki. Sobre todo, en la novela las digresiones tienen un cariz documental, como elemento de apoyo con valor referencial, como cuando remite a un tiempo histórico.
Pero un caso especial es cuando se dan a conocer las intenciones y las opiniones del autor, bien directamente bien por medio de juicios personales: “El hombre puede ser difícil de persuadir mediante un argumento de razón, mientras cederá fácilmente ante uno de pasión, aunque todos sean fingidos”. “Si Kiyoaki hubiera entendido verdaderamente su carácter, habría sabido inmediatamente que aquella ficción que imaginaba era algo imposible”.
Adentrarse en Nieve de primavera es descubrir a un Mishima que preanuncia un quiebre en su forma de vida; él creyó que muchos viejos valores japoneses estaban siendo perdidos y, por lo tanto, inicia la búsqueda al retorno de la tradición más ancestral de la espiritualidad japonesa. Un pensamiento que lo llevó a cometer suicidio el 25 de noviembre de 1970.

Yukio Mishima. Nieve de primavera, Alianza Editorial, 2007.