viernes, 9 de enero de 2009

¿Dónde está el estanque de Basho?

Caminando con Aurelio Asiain por Shijo, en Kyoto, le comenté que había visitado en Otsu el estanque, en el templo Iwamadera, donde Matsuo Basho había compuesto su famoso haiku de la rana que se zambulle en el agua. Me miró incrédulo y me dijo que era imposible, pues ese estanque está en Tokio. Así que me puse a investigar y a consultar a amigos japoneses y españoles expertos en cultura nipona. La sorpresa es grande, pues la controversia es un tema candente, incluso para las empresas turísticas. Mi amigo Hiroshi dice que es un tema clásico: ¿Dónde está la laguna antigua o el estanque? Para él no hay una respuesta definitiva a esta pregunta. Hay muchas opiniones encontradas e investigaciones históricas. Según él no hay ningún lugar concreto, sino imaginario en el pensamiento del maestro Basho. Hay razones bastantes confiables. Por ejemplo, mucho antes de que Basho compusiera este famoso Haiku, un discípulo que se llamaba Kikaku escribió un Haiku que dice: “YAMABUKI YA KAWAZU TOBIKOMU MIZU NO OTO” (YAMABUKI es un arbusto que lleva flores amarillas y tiene un significado particular en el mundo del Haiku) al mismo Kikaku no le gustó esta pieza. Sin embargo, su maestro Basho le pidió permiso para revisarlo y publicarlo en su nombre. Cambió la primera parte (“Kaminoku”) poniendo “FURUIKE YA” en lugar de “YAMABUKI YA” del original de su discípulo.
Este episodio significaría que el famoso Haiku de Basho no sería su producto original, en otras palabras, no es una obra producida ante el lugar concreto o la escena real.
Hay variadas discusiones y teorías sobre el lugar de FURUIKE. Algunas verosímiles:
1. El Templo IWAMA de OTSU el que visité y encontré el monumento que lleva el mismo Haiku. Por qué “verosímil”, porque después de su viaje de OKUNO-HOSOMICHI, Basho se alojó más de 4 meses aquí cerca del templo IWAMA.2. En Tokio también hay lugares bien conocidos que figuran como inspiradores del famoso Haiku. Otra versión, dice que hubo una reunión del grupo de Basho en el barrio de FUKAGAWA en Tokio y allí produjeron varios Haikus. Basho presentó una vez solo la última parte (“Shimonoku”) KAWAZU TOBIKOMU MIZU NO OTO y su discípulo Kikaku añadió la parte primera “FURUIKE YA”. El lugar en particular sería el templo RINSENJI donde Basho gozaba de la amistad del bonzo de alto rango.
Dicen, también, que a Basho le gustaba mucho el Soba (tallarín japonés). Por lo tanto, frecuentaba las tiendas locales de Soba en Tokio. Y en una de ellas Basho, con un “poquito” de Sake, produjo esta obra.
Otros dicen que el Estanque era de su discípulo Kikaku donde artificialmente cultivaban peces. También en Tokio. Por eso muchos creen que esta obra nació en Tokio. Transcribo lo que me escribió mi amigo Justino en respuesta a la pregunta: El estanque de Basho, doko desu ka?: “Me pides, creo, una cosa imposible. Hay innumerables estanques que se precian de ser el que inspiró a Basho. Como las reliquias de la Vera-cruz, o las llaves de la casa de la Virgen....
Lo que si parece ser cierto es que Basho tenía 43 años cuando lo leyó, que era el mes de marzo (las ranas empiezan a salir) y que estaba en Edo, el actual Tokio. Había reunido en su casa a un grupo de discípulos y ese día fijaron el tema de la "rana" para hacer Haikus que leía uno y seguía otro con el tema, de forma concatenada. Era la costumbre que tenían.
Cuando llego el turno del Maestro, Basho no se fijó en la "rana" en sí, en la cosa, sino que tuvo la inspiración genial de describir el “ruido” de la rana al saltar al agua.
Sobre la charca: algunos dicen que Basho había estado antes en casa de un discípulo llamado Fujisaemon, que tenía un jardín y una charca. Otros dicen que delante de la choza donde se hospedaba o vivía (temporalmente) Basho había una charca, e incluso hay fotos de esa charca.... En fin, otros dicen que cerca de su casa natal de Ueno hay otra charca y actualmente allí hay un letrero que dice que aquí se inspiró Basho...
La conclusión te la dejo a tu libre elección o sentimiento”.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La fiesta del Mochi

Fuimos invitados a la ceremonia típica de fin de año para elaborar mochi. Nuestra amiga Tamami y su familia todos los años, el 30 de diciembre, se juntan con los amigos y realizan esta fiesta tradicional. Así que muy temprano en la mañana con nuestro amigo Armando nos encontramos en Abiko y partimos a participar en tan especial evento. El Mochi (餅) es un pastelito de arroz japonés hecho de arroz glutinoso molido en una pasta y después moldeado.Tradicionalmente, en Japón se hace en una ceremonia llamada mochitsuki. Aunque se come todo el año, el mochi es comida típica para el año nuevo japonés, cuando es más común su consumo. También es usado para hacer ofrendas a los dioses en los santuarios shintoistas; por ejemplo, en Fushimi inari.
El proceso comienza el día anterior, con la limpieza del mochigome (arroz pulido glutinoso) que se deja en remojo durante toda la noche.A la mañana siguiente se hierve en una olla especial llamada kama hasta que queda muy pegajoso y entonces es cuando empieza el ritual más llamativo y espectacular: se coloca el arroz pegajoso en un gran mortero de piedra (usu) y entre dos personas se realiza el proceso de golpear con una enorme maza de madera (kine) mientras la otra lo voltea entre los intervalos de un golpe a otro. Este proceso es muy complicado, pues el arroz esta cada vez más pegajoso, y además requiere mucha fuerza (para golpear), mucha rapidez (para voltear la masa) y mucha atención y sincronización (para que no salga nadie herido o que no se generen astillas que se mezclen con el arroz). Es una labor muy dura, por eso cuando se realiza, grupos de personas se turnan para su elaboración, hasta que la masa alcanza la textura adecuada, y entonces se va separando la masa en porciones (como bolitas) y se elaboran los derivados de mochi que se deseen conseguir.
Luego estos se añaden al zenzai, una sopa de judías rojas dulces que se reparte muy caliente entre los asistentes, pues no debemos olvidar que en esta época del año hace mucho frío.Hay que tener cuidado de masticar bien el mochi, ya que es muy fácil atragantarse y cada año, en enero, los medios de comunicación dan la noticia de varios muertos por esta causa, principalmente personas de avanzada edad.
Nota: Escribí esta crónica con los datos publicados por Jordi Juste en El Periódico en 2007. http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=464404&idseccio_PK=1007&h=

martes, 23 de diciembre de 2008

Japón. De la katana al manga

En Japón. De la katana al manga, nos encontramos ante un mosaico de impresiones, escenas y anécdotas que, ateniéndose al orden cronológico, en su conjunto nos ofrecen una amplia imagen de la vida política y cultural japonesa desde la época del aislamiento aproximadamente 1600 hasta nuestros días. Abundan las anécdotas jugosas o significativas tratadas con una indulgente ironía -antológicas algunas como la del famoso Dr. Tadanobu Tsunoda, para quien el cerebro japonés procesa sonidos y palabras de forma diferente al cerebro occidental-, que a menudo dan pie a reflexiones o divagaciones críticas acerca de la evolución histórica y política del país del sol naciente en las que Javier Martínez opina sin cortapisas, con absoluta libertad, incluso con un sesgo de crítica, sobre acontecimientos y sobre personajes importantes de la historia y cultura japonesa: El siglo ibérico con la llegada de Francisco Javier; el shogun Iemitsu y su sakoku o país cerrado; la educación del emperador Meiji; la guerra civil; la Restauración; desde el feudalismo a la modernidad; las dos religiones Shinto y Budismo; los conflictos con China y Corea; la doctrina del Kokutai, un nuevo nacionalismo; la derrota y la ocupación; el desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial...
El estudio de Martínez propone no tanto un trabajo de investigación cuanto una síntesis, razonable y pertinente, de lo analizado durante décadas por estudiosos de los varios campos de la historia del arte, la literatura, la religión y la historia política de Japón. Pero, sobre todo ello, este libro tiene un aporte principal que sobrepasa el interés particular por la mera anécdota: enseña la extraordinaria densidad de la cultura y la tradición japonesa, la ligazón inextricable entre las manifestaciones religiosas, el culto popular, la historia, la iconografía, la literatura; la simbiosis entre la cultura religiosa y la política, y la necesidad de integrar históricamente todas estas disciplinas para comprender el pasado remoto e inmediato de un país. Es en este sentido, que Javier Martínez se pregunta: ¿Es Japón un país único?
En mi opinión, esa fascinación que nos producen los japoneses, por ser tan distintos, a nosotros los occidentales, es confirmada por una variada literatura, por ejemplo: Viaje al Japón, Rudyard Kypling; En el país de los dioses, Lafcadio Hearn; La espada y el crisantemo, Ruth Benedict; Japón en otoño, Pierre Loti; Japón: la estrategia de lo invisible, Michel Random. Para el sociólogo y antropólogo Renato Ortiz aunque existe una tendencia que sobrevalora la dimensión tradicional de la sociedad japonesa y que nos impide pensar su modernidad, en el contexto de la modernidad-mundo, no hay ni Oriente ni Occidente, es un fenómeno que traspasa los límites de las fronteras nacionales. De este modo, los japoneses son parte de un “nosotros”, problemático, contradictorio, que revela la expansión a nivel global de representaciones culturales.
Los estudios de Japón. De la katana al manga combinan la atenta lectura de los textos y sus contextos y el documentado aparato bibliográfico con la amenidad de una obra divulgativa, lejos de esa altanera erudición con que a veces nos atragantan los sabios investigadores de los estudios culturales. No se trata, por lo tanto, de una obra reservada sólo a especialistas, también el lector interesado por Japón y su cultura encontrará en estas páginas un espléndido panorama de personajes y eventos, ameno, de lectura fácil, escrito con gran rigor y con una sólida base documental.

Javier Martínez Herrero, nació en Soria en 1948. Realizó estudios de Filosofía y Letras en las universidades de Zaragoza y Poitiers, Francia. Su interés por el Extremo Oriente le llevó a Japón en 1971, país en el que reside desde entonces, dedicado al estudio de la cultura y sociedad japonesas. Compagina esta labor con la enseñanza en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kyoto.
Javier Martínez Herrero. Japón. De la katana al manga, Shinden Ediciones, 2008. 352 págs.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Tanuki

La foto de la semana (01 al 07 de diciembre)

Un tanuki en el jardín

Desde la terraza de mi departamento logré fotografiar este ejemplar de Tanuki. Fue una ardua tarea, porque se escondía en los arbustos del jardín de la Universidad de Kansai Gaidai. Pero finalmente logré atraparlo con mi disparo. Este animal es parte importante del folklore y la mitología japonesa, uno de los países de donde es originario. Su papel es similar al del zorro en ésta y otras muchas mitologías. En muchos cuentos tradicionales aparece como un animal-espíritu travieso que tiene la habilidad de cambiar de forma y adoptar apariencia humana. Bajo su disfraz comete travesuras y bromas que pueden llegar a tener graves consecuencias.

martes, 4 de noviembre de 2008

Mariposa japonesa

La foto de la semana (27 octubre al 2 de noviembre)
Una mariposa en mi mano
Podría ser el título de un cuento fantástico, pero ocurrió en la realidad. En una fría tarde otoñal aterrizó suavemente en el dorso de mi mano una mariposa. Al lado de uno de los jardines de Kansai Gaidai, en la puerta sur, este ejemplar andaba revoloteando sin rumbo fijo. Fue un poco difícil enfocar mi cámara compacta con la mano izquierda, pero resultó una imagen afortunada.

domingo, 26 de octubre de 2008

Flor en Demachiyanagi

La foto de la semana (20 al 26 de octubre)
Esta fotografía la tomé en el camino al Instituto Italiano-japonés cerca de Demachiyanagi en Kioto. Es una flor de la cual desconozco el nombre, pero me llamó la atención el insecto que bebía, en pleno otoño japonés, el néctar de los dioses en los estambres. No es una abeja, aunque se nota que estaba feliz.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Perros calientes

Podríamos decir que este poemario de Alberto Silva se adscribe a esa idea de que Poesía y Vida van alambicadas; unidas en una especie de espiral casi a la manera del pensamiento dialéctico. Algunos críticos, académicos y escritores la definen como una estrecha relación entre la vivencia y la imaginación. Eso ocurre en todo lo que un poeta escribe, con mayor o peor fortuna, y en este libro se nota esta preocupación por la posibilidad de cercanía entre estos dos elementos: “descartando locuras, bajas y suicidios,/ dónde están esos chicos que hace tanto volvieron?/ verán la peli/ en el hospicio/ maniobrando con su silla de ruedas/ o si hay suerte en la barra del bar/ tomando cerveza y contando/ historias verdaderas o falsas sobre una guerra/ que les cayó de pronto/ como argolla de plomo en la garganta/ como engaño masivo/ como negra mortaja”. En la lectura detectamos alguna presencia de las vanguardias latinoamericanas en que la captación de lo nuevo representa en esencia un acto de creación o más bien la recreación de la realidad a través de una nueva perspectiva poética. En este sentido, un cosmopolita no es solo representado como ciudadano capaz de adoptar cualquier patria y como mera experiencia personal, sino que el cosmopolitismo interesa en tanto apertura de fronteras culturales y como conversión de ese factor histórico social en escritura: “Preguntado que de dónde era, respondía: Cosmopolita”
Siempre hay oriente y hay occidente/ siempre hay un griego, siempre hay un persa/ siempre franceses y siempre belgas/ hay los gallegos, los portugueses/ siempre habrá chinos y taiwaneses/ y japoneses frente a coreanos/ los madrileños, los catalanes/ ... siempre un adentro, siempre un afuera”.
El caminar, el deambular, del ente protagonista en los poemas de Silva, sucede al ritmo de la vida cotidiana y ofrece un espacio para el despliegue de las percepciones. La palabra que recoge las sensaciones está atenta a todo suceder del lenguaje en que confluyen los diferentes ritmos y velocidades de la lengua hablada: ese hablar cotidiano en donde más están la inteligencia y la energía: “se me quema el asado/ y el fuego que rutila que raspa y que muerde y que roe/ y desangra esa carne jugosa/ goteando sudores y babas en la pera mental/ de voyeurista hambriento/ de inapelables redondeles/ de ombligos torneados en el vértigo/ de mundos impalpables como en una pileta/ en que abismo mi olímpica audacia...”. Este territorio que trabaja Silva tiene que ver con ciertas tradiciones de la poesía argentina, pienso en la obra de Juan L. Ortiz, por ejemplo. En palabras de Hugo Gola: “Cuando aparece el lenguaje no es simplemente un recipiente de experiencias que se producen fuera de él, sino que se convierte en parte de esa experiencia”.
Perros calientes constituye un ejercicio de indagación e incluso de expurgación de ciertos dolores, de mucha rabia acumulada, en que Alberto Silva desvela su versión de una realidad con elementos entresacados de su experiencia sentimental con simples referencias a acontecimientos, algunos autobiográficos, pero tamizándola entre sueños, recuerdos, cruces, lecturas, viajes, polisemias, sugerencias, visiones, aventuras, privándolas así de su estricto significado verbal. De este modo nos ofrece un íntimo diálogo fraterno que nos puede salvar temporalmente de las incongruencias y el desorden de la vida. Pero además, esta poesía nos ofrece una posición diferente para situarnos frente a un mundo que, en la mayoría de los casos, nos sigue siendo hostil y que parece abocado a su autodestrucción por inanición moral: “...quizá de esto se nutre/ la estupidez socializada:/ respuesta agradecida de la plebe alas prodigalidades/ del señor que mande (como mínimo abarca a:/ sabios a sueldo del menos débil de los fuertes/ periodistas cautivos de la autocensura/ líderes de geometría muy variable...”. En otras palabras es la exploración de esa problemática relación entre un yo y sus mudables aunque inasibles circunstancias. Mediante la ironía, y la mirada oblicua, esa mirada tan nipona, sobre las cosas del mundo, Alberto Silva hace cómplice al lector ya que es un poeta sugeridor de espacios que libera momentos de pensamiento y que responde a un particular modo de entender el mundo que le rodea.

Alberto Silva nació en Buenos Aires. Es doctor en Letras por la Universidad de Paris Sorbonne. Publica ensayo y poesía para medios de Argentina y otros países. Sus últimos libros de poemas son El viaje (Paradiso, 2003) y Celebración del mar (Bajo la luna, 2004). Intimidad con las palabras está en curso de publicación. En 2007 apareció su Alada claridad (Pre-Textos, Valencia). Publicó El libro del Haiku (Visor, Madrid, 2008; Bajo la Luna, 2005) y Libro de amor de Murasaki (Pre-Textos, Valencia, 2008). Fue finalista de los concursos de poesía El Bardo (Madrid) y Ambitos Literarios (Barcelona). Perros calientes. Alberto Silva, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. 76 págs.