domingo, 26 de octubre de 2008

Flor en Demachiyanagi

La foto de la semana (20 al 26 de octubre)
Esta fotografía la tomé en el camino al Instituto Italiano-japonés cerca de Demachiyanagi en Kioto. Es una flor de la cual desconozco el nombre, pero me llamó la atención el insecto que bebía, en pleno otoño japonés, el néctar de los dioses en los estambres. No es una abeja, aunque se nota que estaba feliz.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Perros calientes

Podríamos decir que este poemario de Alberto Silva se adscribe a esa idea de que Poesía y Vida van alambicadas; unidas en una especie de espiral casi a la manera del pensamiento dialéctico. Algunos críticos, académicos y escritores la definen como una estrecha relación entre la vivencia y la imaginación. Eso ocurre en todo lo que un poeta escribe, con mayor o peor fortuna, y en este libro se nota esta preocupación por la posibilidad de cercanía entre estos dos elementos: “descartando locuras, bajas y suicidios,/ dónde están esos chicos que hace tanto volvieron?/ verán la peli/ en el hospicio/ maniobrando con su silla de ruedas/ o si hay suerte en la barra del bar/ tomando cerveza y contando/ historias verdaderas o falsas sobre una guerra/ que les cayó de pronto/ como argolla de plomo en la garganta/ como engaño masivo/ como negra mortaja”. En la lectura detectamos alguna presencia de las vanguardias latinoamericanas en que la captación de lo nuevo representa en esencia un acto de creación o más bien la recreación de la realidad a través de una nueva perspectiva poética. En este sentido, un cosmopolita no es solo representado como ciudadano capaz de adoptar cualquier patria y como mera experiencia personal, sino que el cosmopolitismo interesa en tanto apertura de fronteras culturales y como conversión de ese factor histórico social en escritura: “Preguntado que de dónde era, respondía: Cosmopolita”
Siempre hay oriente y hay occidente/ siempre hay un griego, siempre hay un persa/ siempre franceses y siempre belgas/ hay los gallegos, los portugueses/ siempre habrá chinos y taiwaneses/ y japoneses frente a coreanos/ los madrileños, los catalanes/ ... siempre un adentro, siempre un afuera”.
El caminar, el deambular, del ente protagonista en los poemas de Silva, sucede al ritmo de la vida cotidiana y ofrece un espacio para el despliegue de las percepciones. La palabra que recoge las sensaciones está atenta a todo suceder del lenguaje en que confluyen los diferentes ritmos y velocidades de la lengua hablada: ese hablar cotidiano en donde más están la inteligencia y la energía: “se me quema el asado/ y el fuego que rutila que raspa y que muerde y que roe/ y desangra esa carne jugosa/ goteando sudores y babas en la pera mental/ de voyeurista hambriento/ de inapelables redondeles/ de ombligos torneados en el vértigo/ de mundos impalpables como en una pileta/ en que abismo mi olímpica audacia...”. Este territorio que trabaja Silva tiene que ver con ciertas tradiciones de la poesía argentina, pienso en la obra de Juan L. Ortiz, por ejemplo. En palabras de Hugo Gola: “Cuando aparece el lenguaje no es simplemente un recipiente de experiencias que se producen fuera de él, sino que se convierte en parte de esa experiencia”.
Perros calientes constituye un ejercicio de indagación e incluso de expurgación de ciertos dolores, de mucha rabia acumulada, en que Alberto Silva desvela su versión de una realidad con elementos entresacados de su experiencia sentimental con simples referencias a acontecimientos, algunos autobiográficos, pero tamizándola entre sueños, recuerdos, cruces, lecturas, viajes, polisemias, sugerencias, visiones, aventuras, privándolas así de su estricto significado verbal. De este modo nos ofrece un íntimo diálogo fraterno que nos puede salvar temporalmente de las incongruencias y el desorden de la vida. Pero además, esta poesía nos ofrece una posición diferente para situarnos frente a un mundo que, en la mayoría de los casos, nos sigue siendo hostil y que parece abocado a su autodestrucción por inanición moral: “...quizá de esto se nutre/ la estupidez socializada:/ respuesta agradecida de la plebe alas prodigalidades/ del señor que mande (como mínimo abarca a:/ sabios a sueldo del menos débil de los fuertes/ periodistas cautivos de la autocensura/ líderes de geometría muy variable...”. En otras palabras es la exploración de esa problemática relación entre un yo y sus mudables aunque inasibles circunstancias. Mediante la ironía, y la mirada oblicua, esa mirada tan nipona, sobre las cosas del mundo, Alberto Silva hace cómplice al lector ya que es un poeta sugeridor de espacios que libera momentos de pensamiento y que responde a un particular modo de entender el mundo que le rodea.

Alberto Silva nació en Buenos Aires. Es doctor en Letras por la Universidad de Paris Sorbonne. Publica ensayo y poesía para medios de Argentina y otros países. Sus últimos libros de poemas son El viaje (Paradiso, 2003) y Celebración del mar (Bajo la luna, 2004). Intimidad con las palabras está en curso de publicación. En 2007 apareció su Alada claridad (Pre-Textos, Valencia). Publicó El libro del Haiku (Visor, Madrid, 2008; Bajo la Luna, 2005) y Libro de amor de Murasaki (Pre-Textos, Valencia, 2008). Fue finalista de los concursos de poesía El Bardo (Madrid) y Ambitos Literarios (Barcelona). Perros calientes. Alberto Silva, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. 76 págs.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón

La editorial Trotta ha publicado por primera vez en español, desde el original japonés, el libro considerado la Biblia japonesa. Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón. Es un gran trabajo de traducción realizado por Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla. Con una introducción que es un verdadero ensayo explicativo del valor del libro y con notas a pie de página que aclaran al lector muchos aspectos culturales del “país del sol naciente”.El Kojiki es la obra conservada más antigua de Japón. Narra las tradiciones nacionales desde la edad mítica de los dioses hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628). Aunque fue ordenada por el emperador Temmu, fue presentada a su sucesora, la emperatriz Gemmei, treinta años después, el 9 de marzo del año 712. Desde diversos ángulos; filológico, histórico, antropológico, mitológico, literario, todos los estudiosos han reconocido la grandeza artística de esta obra milenaria. Sus leyendas, poemas y canciones poseen el primitivo encanto y la inocencia de la expresión de un pueblo en busca de su identidad cultural. Los pasajes más inspirados y bellos de la obra suelen estar relacionados con historias de amor, especialmente asociadas a raptos y a relaciones especialmente inaceptables.
Me interesa destacar el considerado primer poema japonés, para lo cual transcribo parte del capítulo donde aparece y su nota explicativa en la página 80.

“[Capítulo 14. EL MATRIMONIO DEL DIOS SUSANO Y SU DESCENDENCIA]

Después, [el dios] Susanō buscó un lugar donde construir su nueva morada en la provincia de Izumo. Al llegar a las tierras de Suga, dijo con satisfacción:
-Mi corazón se siente puro desde que he llegado aquí.
Y se construyó un palacio donde se quedó para vivir. Por eso, esa tierra es conocida todavía hoy con el nombre de «Suga». Cuando el dios edificó su palacio de Suga, se alzaron nubes por encima del palacio. Al verlas, Susanō recitó los siguientes versos:

Hay ocho nubes
en palacio de Izumo,
el de ocho vallas,
donde mora mi esposa,
de ocho vallas guardada.

Ya-kumo tatsu
Izumo ya-he-gaki
Tsuma gomi ni
Ya-he-gaki tsukuru
Sono ya-he-gaki wo

Luego llamó a Ashi-na-zuchi y le ordenó: -Serás el jefe responsable de mi palacio.

99. Este poema, que también figura en el Nihon shoki, es tradicionalmente considerado el primero de la literatura de Japón. Susanō pasa por ello como el creador de la poesía japonesa (waka). Marcará el modelo de versificación del futuro waka. La singular brevedad de su estructura formal, cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas, y que seguramente reflejaba el ritmo poético de canciones tradicionales, será el santo y seña de la posterior poesía japonesa clásica. Una concisión demasiado primordial la de esas 31 sílabas para no intentar respetarla en esta versión castellana. Puede consultarse su transcripción japonesa en el Anexo 1. La diáfana regularidad de la medición de sus cinco versos, por otro lado, hace al poema sospechoso de que pudo tratarse de una adición tardía al texto del Kojiki. En cuanto al significado del poema, ha sido diversamente interpretado como epitalamio, como plegaria propiciatoria en la ceremonia del inicio de la construcción de una casa, y como canción ritual para pedir la protección de los dioses de Izumo a una pareja de recién casados. Véase al respecto Yamaji Heishirō, «'Yakumo tatsu Izumo yaegaki', uta-ko»: Kokubungaku kenkyū 12/33, 1968, pp. 5-7)”.

Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón. Traducción del japonés de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla, Editorial Trotta, Madrid, 2008. 282 págs.

jueves, 28 de agosto de 2008

OUT, de Natsuo Kirino

Novela poliédrica Out, de Natsuo Kirino (su nombre real es Mariko Hashioka) es una novela poliédrica; posee muchas caras, demasiadas aristas a las que debe enfrentarse el lector. No es la típica novela negra o policíaca ya que una de sus características principales; la resolución de un enigma, está ausente. Es algo más íntimo al estilo macabro de Shirley Jackson que a la fórmula del estrado inglesa de Agatha Christie.
Aquí nos encontramos con la metrópolis del siglo XXI y con la vida de seres atrapados en un crimen que no es nada de extraordinario; al contrario, es un ingrediente propio de la sociedad contemporánea. Y sobre todo, de la sociedad japonesa que es una máquina trituradora de personas, al menos esa es la imagen que nos quiere presentar la autora.
Entonces nos encontramos con una novela que nos inserta en una historia moralmente ambigua, situada en un mundo mucho más real. La dimensión social, el retrato de la sociedad en su lado más negativo es lo que importa en Out. En este caso la sociedad japonesa muestra su otra cara, la más oscura, alienada e inefable y se mezclan en el relato el retrato sociológico y psicológico de las causas que impulsan al delito a personas aparentemente normales, inserto en una realidad protagonizada por mafiosos, que reflejan el hampa desde dentro.
Resalta el aislamiento de los personajes o de los individuos en una sociedad que no permite expresar las emociones. Es la incomunicación típica de “Perdidos en la traducción” y no en Tokio. Así las cuatro mujeres protagonistas, que trabajan como obreras nocturnas de una fábrica de comida precalentada viven aisladas y son disfuncionales tanto en la vida privada como pública.
Yoshie, “La Maestra”, una mujer viuda que debe cuidar de su suegra incapacitada una de cuyas hijas le roba dinero y la otra aparece y desaparece dejándola al cuidado de un nieto del que desconocía su existencia; Yayoi, joven, atractiva, casada y maltratada por un marido infiel y jugador empedernido que debe sacar adelante como puede a sus dos hijos pequeños; Kuniko, en los treinta, insatisfecha con su trabajo y con su vida, vive obsesionada por el lujo y la ostentación, incapaz de asumir sus limitaciones; y Masako, madura e inteligente y capacitada que ha tenido que cambiar de trabajo, cuyo marido duerme en una habitación separada sin más motivo que el hastío y cuyo hijo adolescente es un típico hikikomori que se niega a hablar hace varios años.
Cuatro mujeres que unen sus destinos el día en que Yayoi estrangula con un cinturón a su marido. Masako y las otras deben disponer del cuerpo. Dirigidas por Masako, las mujeres se comprometen en el negocio espantoso de liberarse, no sólo de la evidencia de su crimen, sino que de las cargas sociales y financieras que han estado sofocándolas. Las mujeres pasan de contrabando el cuerpo de Kenji a la casa de Masako y en este punto Kirino proporciona una descripción clínicamente detallada del cuerpo, rebanado, abierto, destripado, desmembrado, y los trozos puestos en las bolsas de la basura. Las mujeres finalmente en sus bicicletas distribuyen los pedazos mortales del hombre a los lugares de recolección de la basura alrededor de la ciudad.
Así como las cosas empiezan a ir bien, todo empieza a salir mal: por lo menos dos de las mujeres cometen errores infantiles, que traicionan y ponen en peligro a las otras, y Masako debe averiguar de una manera segura del peligro que amenaza destruirla. Y que no es otro que Satake, un enfermo mental, sádico y degenerado, dominado por sus sueños de placer y tortura.
Natsuo Kirino reconoció que se basó en un hecho real para escribir Out. En Inokashira Park, no lejos de donde ella estaba trabajando encontraron los restos de un hombre descuartizado. La esposa de la víctima fue inicialmente la principal sospechosa y fue la que definitivamente le proporcionó las ideas para Out.Este tipo de crímenes reciben el nombre de barabara shitai en japonés y han aumentado en los últimos años. Uno de los más sensacionales tuvo lugar en diciembre del 2006. Kaori Mihashi, de 32 años, asesinó a su marido, Yusuke, en su lujoso condominio de Shibuya, desmembró su cadáver y las porciones de él las distribuyó alrededor de la ciudad en bolsas de basura de vinilo. Lo curioso es que los medios de comunicación fueron convencidos inicialmente que posiblemente una banda compuesta por extranjeros estaba involucrada en esta espantosa matanza.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Tortilla japonesa de soja y nabo seco

Mis amigos me piden que publique algunas recetas de comidas japonesas. Pues bien, aquí les entrego una. Aunque la edito y reviso yo, esta receta fue traducida desde el japonés al español por Tomoko Kitano, alumna de la Universidad de Osaka, Handai.


Tortilla japonesa de soja y nabo seco
“Daizu to Kiriboshi daikon no Omuretsu”
Ingredientes (para 4 personas)
5 huevos (Tamago)
1 lata de soja (140 gramos) (Daizu no Mizumi Kanzume o Daizu no Drypack)
30 gramos de nabo seco (Kiriboshi daikon)
2 cucharadas de sake (Sake)
1 cucharada de Mirin (edulcurante líquido) (Mirin)
A:
1 cucharadita de salsa de soja (Shōyu)
1/3 cucharadita de sal (Shio)
Aceite de ensalada (Salada abura)
Preparación
1. Lave los nabos secos con agua en abundancia. Luego déjelos remojando por 5 minutos. Después exprímalos y córtelos en tiras delgadas para comer fácil. Escurra el jugo de la lata de soja. Bata los huevos.
2. Ponga aceite de ensalada en la sartén (de un diámetro de veinte centímetros) y caliente. Luego fría los nabos secos a fuego medio. Añada A agitando el sartén y mezcle bien. Añada la soja y fría ágilmente.
3. Añada los huevos removidos a 2 y revuelva hasta la consistencia de huevos cocidos por agua mezclando adecuadamente y deje cocinar a fuego lento por 3 o 4 minutos hasta que la base se cuaje y empiece a dorarse. Cubra el sartén con un plato de tamaño más grande que la sartén. Vuelque y saque la tortilla. Añada 1/2 cucharada de aceite de ensalada en el sartén y reponga la tortilla en el sartén. Deje cocinando por 2 o 3 minutos.
4. Sirva enseguida o déjela hasta que esté fría.
Nota importante: Aunque ahora la globalización nos permite encontrar los productos en supermercados asiáticos o tiendas de productos asiáticos, a veces es difícil conseguirlos. Pero podemos reemplazar por ejemplo el mirin por pisco de bajo grado alcohólico y agregarle un poco de azúcar o un vino blanco dulce. Asimismo el sake lo podemos reemplazar por jerez, un vino blanco muy seco o pisco.
El daikon es un rábano blanco gigante. Cuando se deseca en tiras largas y finas se llama kiriboshi daikon.

viernes, 15 de agosto de 2008

La Ermita Shisen-dō

El segundo templo que visitamos en el tórrido verano de Kioto para observar su jardín fue El Shisen-dō. Oficialmente llamado “Outotsu-ka”, se localiza en el distrito de Ichijō-ji al pie de la cordillera norteña de Higashiyama. Aunque el distrito es ahora una parte de la ciudad, su atmósfera todavía es como la de un pueblo viejo.
El Shisen-dō fue establecido por Jōzan Ishikawa (1583-1672), quién no sólo era conocido como un estudioso de los clásicos chinos, sino que también como un arquitecto del paisaje. Nacido de una familia Samurai de la Provincia de Mikawa, Jōzan se hizo sirviente personal de Ieyasu Tokugawa a la edad de dieciséis años. En el entretanto, Ieyasu se volvió un shogun, y en 1615, a la edad de 33 años, Jōzan lo acompañó para la batalla en contra de los Toyotomis que entonces dominaba desde el Castillo de Osaka. Poco después de la batalla, Jōzan se retiró del servicio del samurai y se consagró a los estudios. Después de servir durante 15 años a un señor feudal en Hiroshima como su tutor regresa a Kioto. En el año 1641 cuando tenía cincuenta y nueve años construyó el Shisen-dō, su ermita. Su nombre se asocia con los retratos de treinta y seis poetas chinos clásicos que él había seleccionado y había desplegado en su cuarto principal. Jōzan permaneció soltero toda su vida y se hizo experto en poemas chinos y Reisho, un estilo de caligrafía. Es más, él se convirtió en un creador de Sencha (Bunjincha) en Japón. Murió a la edad de noventa años en mayo de 1672.
Desde 1716, cuando un sacerdote budista de la secta Shingon fue asignado para sostener la propiedad de Shisen-dō por primera vez, los sacerdotes budistas tuvieron éxito algún tiempo en administrar la propiedad. Después en 1743, una monja zen se asignó con el apoyo del Príncipe Imperial Kan-in-no-Miya, y desde entonces se volvió una costumbre que una monja Zen esté a cargo del Shisen-dō.
Desde fuera a través de una simple y rústica verja Shōyūdō, un camino de piedra ligeramente ascendente, sombreado con árboles de bambú a ambos lados, conduce hacia dentro a otra verja, Rōbaikan. Esta verja está abierta al jardín delantero de arenas blancas como normalmente puede verse en los templos zen. Las arenas blancas extendidas encima del jardín están alisadas con una escoba, dejando los surcos con dibujos característicos. El edificio incluye el cuarto principal, Shisen-no-ma, un estudio, Shirakusō y un cuarto pequeño para ver la luna, Shōgetsurō.
El jardín interior principal también se cubre con arenas blancas como el jardín delantero. Mirando desde el cuarto principal, el jardín se orilla por arbustos de la azalea que empiezan a florecer en el principio del verano. Se dice que en el jardín bajo los arbustos se encuentran cien tipos de flores, Hyakkanō. Se mezclan glicinas y arces con los árboles de varios tipos para embellecer la colina. El agua de una cascada pequeña, Senmōbaku, fluye a un estanque poco profundo, Ryōyōhaku. El murmullo de la cascada, es acompañado con el sonido intermitente pero puntual de un “sōzu” -una clase de espantapájaros de agua-. El sōzu, también llamado Shishiodoshi, es hecho de bambú, inventado para caer a una piedra automáticamente debido al poder gravitatorio del agua corriente que despacio llena el tallo de bambú. Era popular entre los granjeros vecinos como un aparato agrícola para asustar ciervos salvajes y jabalíes cuando salían fuera de sus campos en los días de Jōzan. El sōzu en el jardín de Shisen-dō es el único funcionando.
Hoy día, el Shisen-dō se alista bajo Eihei-ji, el templo cabeza de la secta Zen Sōtō. Aunque el paisaje de Shisen-dō es todo el año igualmente impresionante, las azaleas floridas a finales de mayo y las hojas del arce teñidas de rojo escarlata a finales de noviembre merecen una mención especial.

Manshuin Monzeki

En un caluroso y húmedo día de verano en Kioto visitamos con nuestra amiga Kimie el Templo de Manshuin, nuestra intención era admirar el jardín.
El Templo de Manshuin, fundado por Dengyo Daishi (8th D.C.), se localizó originalmente en el valle norteño de la región de Saito en el monte Hiei, y era conocido en ese momento por el nombre de “Tobibo”. Durante el periodo de 1108 a 1109 D.C., cuando el Abad Chujin era el sacerdote principal, Tobibo cambió oficialmente su nombre a “Manshuin”. Al principio del Periodo Edo este templo se trasladó al sitio actual, cuando la abadía se sostuvo por el Príncipe Ryosho, segundo hijo de Katsura-no-miya Tomohito. Ryosho cambió el sitio de este templo desde el norte del Palacio Imperial al sitio presente en el barrio del Shugakuin, y contribuyó mucho a su reconstrucción. Su originalidad se ve ampliamente reflejada en el plan del jardín así como en el estilo arquitectónico del edificio que es representante de la arquitectura típica del estilo Shoin. Este templo ha tenido varios sacerdotes eruditos muy famosos y distinguidos en el pasado. Entre sus tesoros se encuentra un pergamino de la imagen de “Acala” pintado de amarillo y la edición Manshuin del Kokin Waka-shu. Se destacan para visitar el “cuarto del Tigre” (el Gran Vestíbulo). Se dice que los cuadros en las pantallas en pie pueden haber sido pintados por Kano Eitoku en el Periodo Momoyama.
El “cuarto del Bambú” (Segundo Vestíbulo). Los cuadros en las puertas corredizas son impresiones en bloque de madera del Periodo Edo. El Gran Shoin. La arquitectura del estilo Shoin, construida al principio del Periodo Edo. Se encuentra el altar sagrado y es el cuarto más elevado. La estatua principal aquí es Amida Nyorai. También se conservan en este lugar las lápidas conmemorativas de los abades de las generaciones pasadas.
El jardín es característico del “Karesansui” (el jardín con el estanque) del “estilo de Enshu”. Hay dos islitas, “grulla” y “tortuga”. Lo que más destaca es un árbol de pino en forma de una grulla de 400 años. Debajo del árbol de pino está una linterna de piedra que se llama Krishima Doro o Kurusu doro o Manshuin Doro.