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domingo, 4 de mayo de 2014

Grulla del oeste


Esta revista que compré hace años en una librería de Osaka la encontré ordenando mis libros.  Recordé que había escrito una reseña publicada en El Mercurio, gracias a los oficios de mi amigo Pedro la rescaté.

HISTORIAS HOMOSEXUALES
JAPÓN A FINES DEL SIGLO XVII


En su libro "El gran espejo del amor entre hombres", Saikaku afirma: "Amar a un muchacho puede ser como un sueño que no hemos tenido siquiera tiempo de soñar".

Milton Aguilar

Para muchos en nuestro país occidentalizado y homofóbico resultará sorprendente la existencia en Japón, desde tiempos remotos, de una tradición vibrante y no estigmatizada del amor masculino. Se dice que por primera vez en el monte Koya - lugar de los templos de la secta budista Shingon, fundada en 816 por Kobo Dashi- se practicó la homosexualidad masculina entre los monjes y sus jovencitos asistentes. Pero fue en la era Genroku (1688-1703), periodo de máximo desarrollo de la cultura urbana de la clase chonin (comerciantes), donde las relaciones amorosas entre hombres alcanzaron gran tolerancia. De esta época (1687) es Nanshoku okagami (El gran espejo del amor entre hombres), de Ihara Saikaku (Grulla del Oeste), un libro extraordinario, un clásico de la literatura japonesa que nos permite comprender mejor aquella sociedad próspera y de riqueza canalizada hacia el ocio y la diversión, en lo que se conoce como el "mundo flotante", bohemia artística de larga vida en la historia de Japón (retratada en su fase tardía, a comienzos del siglo veinte, por Kazuo Ishiguro en la novela Un artista del mundo flotante, de 1986).

Samurái, actores y monjes

Son cuarenta historias de amor desgraciado que se entrelazan entre sí, con un tono emotivo y sensual. Los primeros veinte relatos tratan del amor romántico entre los samurái con una visión nostálgica e idealizada, se describen estas relaciones como un verdadero matrimonio - un notable vínculo kármico- con intercambio de promesas de fidelidad y lealtad puestas por escrito; destacan las referencias a la incertidumbre y a la casualidad del destino de los amantes: la máxima prueba de amor de una relación entre samurái era el seppuku, un complejo ritual de suicidio.

Los veinte capítulos de la segunda parte recrean el ambiente del wakashu kabuki en el que los jóvenes actores - y a veces no tanto- se prostituían; el distrito teatral era el lugar permitido para que los hombres buscaran placer, todos los actores que nombra Saikaku existieron y fueron famosos en su época: por ejemplo, Tamamura Shuzen que cuando interpretaba papeles de mujer, volvía locos a los hombres de deseo y era sumamente talentoso en los modos del amor por los muchachos.

Estas historias confirman un mercado literario, un público lector: los comerciantes y la burguesía necesitaban recrearse en lecturas en que reconocían a personajes del entorno. Saikaku, que nació en Osaka (1642-1693) - su tumba cerca de Uehommachi siempre tiene flores- y fue un activo participante y testigo de las diversiones en los barrios de placer - Kioto, Osaka y Edo- , se transforma, así, en el cronista de los acontecimientos de su época. Ficcionaliza los eventos con sutiles referencias a la vida, pero con una ironía y humor que desenmascara conductas estereotipadas de un mundo de convenciones. No es casual esta actitud, ya que en los ambientes prostibularios o en los teatros populares era común mofarse de la reglas rígidas y de las costumbres de la corte o de leyes restrictivas respecto a la moral. Es un espejo en el sentido de mostrar o reflejar una época desde su propia perspectiva: "He intentado reflejar en este 'gran espejo' (tiene una delicada connotación erótica) todas las variadas manifestaciones del amor entre hombres". También afirma: "El amor por los muchachos es algo profundo,... apunté todo lo que había visto, oído, sentido o aprendido sobre los extraordinarios placeres del amor entre hombres en mis 42 años de viajes por estas tierras".

Crítica acerada y mordaz

En los relatos de Saikaku encontramos recurrentes comprobaciones morales; reflexiones reiteradas y de alcance muy generalizado - permanentemente incorpora o inserta comentarios sobre los acontecimientos de la época- ; enumeraciones y descripciones pormenorizadas; una preponderante inclinación por los aspectos extravagantes de la vida humana, y la distancia que en su papel de narrador toma ante ellos.

Nanshoku okagami es una crítica acerada y mordaz al mundo flotante de su tiempo, que valora el falso amor más que el verdadero, lo material por encima de lo espiritual. Quizás sea esta devaluación de lo valioso y la elevación de lo insignificante lo que marca el tono desencantado de Saikaku cuando dice que en sus 27 años como "devoto del amor por los hombres" ha amado a todo tipo de muchachos. Y que de todos ellos, con muy pocos compartió un sentido del honor y del orgullo masculino.

Viernes, 22 de Octubre de 2004
El Mercurio,
Revista de Libros, página 11.


El gran espejo del amor entre hombres. Ihara Saikaku. Interzona editora, Buenos Aires, 2003, 349 páginas. Editorial Shinchosha, 1991.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Terremoto en Japón


Existen algunas sutiles coincidencias que a veces resultan premonitorias y es lo que me pasó días antes del desastre natural en Japón. En mis vacaciones decidí leer dos libros que se encuentran en la biblioteca de Kansai Gaidai. Una novela de Don Delillo, El hombre del salto, que trata de las consecuencias en los protagonistas del atentado a las torres gemelas, y un libro de crítica e interpretación, de Michael Seats, sobre Haruki Murakami. Me sorprendió en el libro de Seats, en la primera página del prefacio, la relación establecida entre los atentados terroristas y los desastres naturales, es una invitación a la reflexión en estos días en que el pueblo japonés se enfrenta a unos de los peores desastres desde la Segunda Guerra Mundial.

Transcribo mi traducción de la primera página del prefacio del libro de Michael Seats, perdón por los posibles errores…

“En enero del 2005 apareció, en una sección especial del periódico japonés Asahi Shinbun, un ensayo escrito por el novelista Haruki Murakami en conmemoración del Gran Terremoto de Hanshin ocurrido una década antes (1). En el artículo, Murakami relata sus propias respuestas emocionales a la catástrofe y vincula la experiencia muy personal del horror con las dimensiones más colectivas sufridas en guerras, desastres naturales y actos de terrorismo. El autor recuerda que en su visita a la escena de la desastrosa actuación de las tropas japonesas en Nomonhan (Mongolia) en 1939, por la noche se despierta por lo que él imagina que es un terremoto. Pronto se da cuenta, sin embargo, que ha experimentado algún tipo de "violenta convulsión personal". El conjetura que esto ha sido provocado por una internalización o identificación aguda e inconsciente al principio del miedo y el dolor de los miles que perdieron la vida -al parecer sin propósito-, en ese tramo de tierra yerma.

El viaje de Murakami al cementerio del campo de batalla de Nomonhan ya había sido representado en detalle algunos años antes en los ensayos y las fotos del libro Henkyo-Kinkyo (2). En la pieza corta conmemorativa en el periódico en que vuelve al "incidente" y en su representación en Nejimakidori kuronikuru (3) (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (4)). Todo esto se yuxtapone con un deseo de dar cuenta de la conmoción que le han producido y como poco a poco se enteró de las catastróficas consecuencias del terremoto en su ciudad natal. Más adelante en el ensayo, Murakami ofrece otra comparación. Él recuerda cómo en la edición al inglés de Kami no wa kodomotachi Minna odoru (5) (cuentos en torno al tema del Terremoto de Hanshin) titulado Después del terremoto, (6), que se publicó en los Estados Unidos, posteriormente a los ataques terroristas en los Estados Unidos del 11 de septiembre 2001, llevó a los estadounidenses recientemente traumatizados a transmitirle su profunda empatía con las vidas devastadas representadas en estas historias. A partir de esto, Murakami llega a la conclusión que, en términos del enorme desafío en la recuperación emocional, los actos humanos de terror y los desastres naturales a gran escala parecen tener mucho en común.

En los últimos años, no sólo periodistas y escritores de ficción se han comprometido en estudiar la política del terror. Los filósofos también han mostrado su interés. Al igual que Murakami, Jean Baudrillard encuentra una semejanza entre el acto terrorista y la catástrofe natural, aunque por razones diferentes (7). Obviamente, hay una gran diferencia en las experiencias de las víctimas del terror y las catástrofes naturales, y los "testigos" de estos "eventos" a través de los medios de comunicación. Como señala Baudrillard, al cabo, la mayoría de la gente experimenta tales desastres como la simulación de un objeto del mundo en el que la representación parece haberse desvanecido y lo real se vuelve en indiferente a la diferencia y donde el terror y la naturaleza son vistos como malévolos y arbitrarios (8)”.

Notes

1. Murakami Haruki, "Jishin no ato de," in ‘Tokushu: hanshin daishinsai junen’, Asahi Shinbun, 17 January 2005, 12 (N).

2. Murakami Haruki, Henkyo-Kinkyo (Shinchôsha, 1998).

3. Murakami Haruki, Nejimakidori kuronikuru (Shinchôsha, 1994-95).

4. Murakami Haruki, The Wind-Up Bird Chronicle. Trans. Jay Rubin (London: Harvill, 1997).

5. Murakami Haruki, Kami no kodomotachi wa minna odoru (Shinchôsha, 2000).

6. Murakami Haruki, After the Quake, trans. Jay Rubin (London: Harvill, 2002).

7. See Jean Baudrillard, The Spirit of Terrorism, trans. Chris Turner (London: Verso, 2003), 98-99(fn).

8. See lean Baudrillard, The Illusion of the End, trans. Chris Turner (Cambridge: Polity Press, 1994), 81, 119.

Bibliografía:

Seats, Michael. Murakami Haruki. The simulacrum in contemporary japanese culture. Lexington Books, U.S.A., First Paperback Edition 2009. 364 págs.

Delillo, Don. El hombre del salto. Austral, Barcelona, 2010. 289 págs.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Dostoyevski lee a Hegel

“Buñuel explicó el fin de la fe tradicional como una consecuencia de sus exageraciones relativas al infierno. El verdadero infierno, sin embargo, no es tan colorido como se presenta en los cuentos. Antes bien, parece natural, sensato, lógico. Como el mundo de Hegel al que Dostoyevski regresó desde Siberia. El único lugar al que podía ir. Libre de todo encanto. Cuando la plenitud del Ser, el Todo cósmico se reduce a un mundo técnicamente manipulable: eso es el infierno. No necesita diablos, ni lenguas de fuego, ni lagos de brea hirviente. Bastan el olvido y la ilusión de que la frontera del ser humano no es lo divino, sino lo palpable, y de que el caldo de cultivo del espíritu no es lo imposible, sino algo terriblemente racional y aburrido: lo posible”.

Esta cita es del pequeño libro Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar del ensayista húngaro László Földényi, autor de El sudario de la Verónica y Melancolía, entre otros textos. Según Földényi, cuando Dostoievski se enteró de que había sido apartado de la historia por la cual había soportado humillantes persecuciones, nació en él la convicción de que la vida posee ciertas dimensiones que no tienen cabida en la historia y su racionalidad. Por lo tanto, llega a la conclusión de que la historia manifiesta su esencia a quienes ha excluido antes.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lévis-Strauss y la dama japonesa

En el libro Mirar, escuchar, leer, de Claude Lévis-Strauss, aparece una anécdota, referida a una dama japonesa. Enmarcada en la reflexión sobre la cestería, copio unos breves párrafos...

"Al igual que las cestas ya inservibles, los cadáveres son restos a los que su alma o sus almas (o en el caso de los cestos, su espíritu) rechazan dejar. En América, por lo demás, existe para las cestas un equivalente, o casi, de la inhumación: cuando muere el espíritu de la cesta, dicen los pomo, permanece en tierra durante cuatro días y sólo después sube al cielo.

Hay creencias japonesas completamente opuestas. Los utensilios abandonados se transforman también en espíritus sobrenaturales, pero es conveniente quemar esas cosas viejas o, en cualquier caso, librarse de las mismas. Un viajero que se había refugiado en un templo abandonado asistió durante la noche a la danza de un viejo barnero, un cuadrado de tela (furoshiki, sirve para transportar los paquetes), y un viejo tambor. “Eso es lo que pasa cuando nos olvidamos de tirar las cosas viejas”. Entre el ayer y el hoy, entre el hoy y el mañana, hay que trazar una frontera como hizo esa dama japonesa de la que me hablaron (aunque el caso, probablemente, no es excepcional), quien lavaba su ropa todos los días por temor –en el caso de morir súbitamente– a dejar tras ella alguna ropa sucia.

Siempre nos vemos ante el siguiente dilema: romper con el pasado, aún reciente, o conservar –¿pero hasta cuándo?– nuestros viejos trajes, las cosas viejas que ocuparon un lugar en nuestra existencia y que son para nosotros como amigos difuntos. Dice Baudelaire:

¡Oh, mis botas! Entrad dentro de ese armario

Que va a serviros de ataúd.".

Claude Lévi-Strauss. Mirar, Escuchar, Leer, Ariel. Págs. 176-177.

sábado, 21 de marzo de 2009

La ventana de Tanizaki

Visité esta semana el Museo de literatura en Memoria de Junichiro Tanizaki en Ashiya, pequeña ciudad entre Osaka y Kobe. En la visita me llamó la atención una ventana con vidrio y papel japonés. Me recordó un pasaje de El elogio de la sombra, uno de los famosos ensayos de Tanizaki. Les dejo las fotos de la ventana y transcribo el párrafo de la edición de Siruela, donde el autor se queja de la mala elección al tratar de combinar la modernidad con la tradición.
“Yo, que personalmente derroché el año pasado una fortuna muy poco compatible con mi situación en la construcción de una casa, he tenido una experiencia similar; como me empeñé en ocuparme de todos los detalles, desde los tabiques móviles hasta el último accesorio, tropecé con muchas dificultades. Los shōji, por ejemplo: apelando al buen gusto, no quise ponerles cristales y decidí utilizar solamente papel; pero entonces tuve problemas con la iluminación y además cerraban mal. Desesperado, se me ocurrió ponerles por dentro papel y por fuera cristal. Para ello tuve que poner marcos dobles a ambos lados y el gasto aumentó proporcionalmente; cuando por fin estuvieron colocados descubrí que, vistos desde fuera, no eran más que vulgares puertas de cristal y que vistos desde dentro, por culpa del cristal que había tras el papel, ya no tenían el ahuecado y la suavidad de los auténticos shōji; en una palabra, el efecto era bastante desagradable. Te dices entonces que hubiera sido mejor haber puesto unas sencillas puertas de cristal y acabas mordiéndote los puños; de otro nos reiríamos pero tratándose de uno mismo no es fácil admitir el propio error hasta que no se ha intentado todo”. (págs. 11-12)
Shōji: Tabique móvil formado por una armadura de listones de cuadrículas apretadas, sobre la que se pega un papel blanco espeso que deja pasar la luz, pero no la vista. Los shōji eran hasta hace poco el único cerramiento de la casa japonesa. Por la noche, les añaden otros tabiques (amado), también corredizos. Hoy en día, los shōji suelen estar precedidos, o incluso sustituidos por puertas acristaladas.

Fuente: Junichiro Tanizaki. El elogio de la sombra, Siruela, Madrid, 1995. 95 págs.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ihara Saikaku en un shotengai

Caminando por uno de los pasillos de un shotengai en Osaka entre Yodoyabashi y Umeda me encontré con una librería de libros usados. Entre los anaqueles de viejos y nuevos libros japoneses, en el sector de revistas, estaba escondida, esperando agazapada, “la joyita”. Un monográfico de Ihara Saikaku, con toda la vida de él e ilustrado con bellas imágenes.
Reescribo algo de lo que afirmé cuando en Argentina se publicó su libro El gran espejo del amor entre hombres, (Nanshoku okagami).
Son cuarenta historias de amor desgraciado que se entrelazan entre sí, con un tono emotivo y sensual. Los primeros veinte relatos tratan del amor romántico entre los samurái con una visión nostálgica e idealizada, se describen estas relaciones como un verdadero matrimonio -un notable vínculo kármico- con intercambio de promesas de fidelidad y lealtad puestas por escrito; destacan las referencias a la incertidumbre y a la casualidad del destino de los amantes: la máxima prueba de amor de una relación entre samurái era el seppuku, un complejo ritual de suicidio. Los veinte capítulos de la segunda parte recrean el ambiente del wakashu kabuki en el que los jóvenes actores -y a veces no tanto- se prostituían; el distrito teatral era el lugar permitido para que los hombres buscaran placer, todos los actores que nombra Saikaku existieron y fueron famosos en su época: por ejemplo, Tamamura Shuzen que cuando interpretaba papeles de mujer, volvía locos a los hombres de deseo y era sumamente talentoso en los modos del amor por los muchachos.
Estas historias confirman un mercado literario, un público lector: los comerciantes y la burguesía necesitaban recrearse en lecturas en que reconocían a personajes del entorno. Saikaku, que nació en Osaka (1642-1693) -su tumba cerca de Uehommachi siempre tiene flores- y fue un activo participante y testigo de las diversiones en los barrios de placer -Kioto, Osaka y Edo- , se transforma, así, en el cronista de los acontecimientos de su época. Ficcionaliza los eventos con sutiles referencias a la vida, pero con una ironía y humor que desenmascara conductas estereotipadas de un mundo de convenciones. No es casual esta actitud, ya que en los ambientes prostibularios o en los teatros populares era común mofarse de las reglas rígidas y de las costumbres de la corte o de leyes restrictivas respecto a la moral. Es un espejo en el sentido de mostrar o reflejar una época desde su propia perspectiva: "He intentado reflejar en este 'gran espejo' (tiene una delicada connotación erótica) todas las variadas manifestaciones del amor entre hombres". También afirma: "El amor por los muchachos es algo profundo,... apunté todo lo que había visto, oído, sentido o aprendido sobre los extraordinarios placeres del amor entre hombres en mis 42 años de viajes por estas tierras".
Fuente: El gran espejo del amor entre hombres. Ihara Saikaku. Interzona editora, Buenos Aires, 2003, 349 páginas.

lunes, 16 de febrero de 2009

Japón en 2666

Mi amigo James me ha escrito estas líneas: “No sé si te has puesto a leer el mamotreto póstumo de Bolaño, pero es una obra de genio, a la altura de Moby Dick. Si no has empezado, te recomiendo que comiences leyéndote la segunda parte (la de Amalfitano) que seguro te llegará a lo más profundo del alma”. Así que en eso estoy, obedeciendo a mi amigo, aunque ya antes había leído partes de 2666, pues no estaba con ánimo ni ganas de leer y me molestaba la fiebre bolañitis, que se había desatado. En todo caso, lo que me interesa mostrar son los siguientes párrafos, pues hacen referencia a Japón:
“Aquella noche, mientras Liz Norton dormía, Pelletier recordó una tarde ya lejana en la que Espinoza y él vieron una película de terror en una habitación de un hotel alemán.
La película era japonesa y en una de las primeras escenas aparecían dos adolescentes. Una de ellas contaba una historia. La historia trataba de un niño que estaba pasando sus vacaciones en Kobe y que quería salir a la calle a jugar con sus amigos, justo a la hora en que daban por la tele su programa favorito. Así que el niño ponía una cinta de vídeo y lo dejaba listo para grabar el programa y luego salía a la calle. El problema entonces consistía en que el niño era de Tokio y en Tokio su programa se emitía en el canal 34, mientras que en Kobe el canal 34 estaba vacío, es decir era un canal en donde no se veía nada, sólo niebla televisiva.
Y cuando el niño, al volver de la calle, se sentaba delante del televisor y ponía el vídeo, en vez de su programa favorito veía a una mujer con la cara blanca que le decía que iba a morir.
Y nada más.
Y entonces llamaban por teléfono y el niño contestaba y oía la voz de la misma mujer que le preguntaba si acaso creía que aquello era una broma. Una semana después encontraban el cuerpo del niño en el jardín, muerto”. (págs. 48-49)

Roberto Bolaño. 2666, Anagrama, Barcelona, Primera edición en Compactos, 2008. 1125 págs.

viernes, 13 de febrero de 2009

Japón en el "Tañido de una flauta"

Releyendo El tañido de una flauta, de Sergio Pitol, me encuentro con estas líneas acerca de Japón:
“[...] La charla se desliza hacia las anécdotas del Festival y vuelve otra vez a rememorar el programa del día, la funesta proyección de Oscuro amor, y la de El tañido de una flauta, que con tanta violencia lo había perturbado.
-El tema debe ser recurrente en el Japón: la caída, la voluntad de desastre, la realización consciente del fracaso. No un simple rechazo a los bienes de consumo, ni una negativa de incorporación social. No se trata de marginarse sino de algo distinto, fracasar, desintegrarse realmente -comenta Morales-. Hace varios años leí una novela de Dazai, Osamu Dazai. No me extrañaría que el director se hubiera inspirado en uno de sus libros. Insiste en las mismas situaciones”.
Sergio Pitol. El tañido de una flauta, Editorial Anagrama, Barcelona, 1986. 217 págs.

miércoles, 14 de enero de 2009

El estanque doko desu ka?

El estanque de Bashō (II)
En la investigación acerca del estanque del famoso haiku de Bashō, Aurelio Asiain me envió un email con datos que confirmarían la teoría de que el susodicho estanque está en Tokio:
“Van copias de las páginas correspondientes de Basho and His Interpreters: Selected Hokku with Commentary de Makoto Ueda, que recopila lo que los comentaristas japoneses han escrito sobre Bashō y donde se dice que ese haiku lo hizo Bashō "at his riverside hut in the north of Edo".
http://www.librarything.com/work/81658
http://en.wikipedia.org/wiki/Makoto_Ueda_(poetry_critic)”.

Me interesa en esta nota reproducir un texto, que confirmaría dicha ubicación, recogido en el extraordinario libro de Carlos Rubio, publicado por Cátedra.

“CAPITULO 8
Matsuo Bashō: poesía para todos

1. LA RANA DE BASHŌ

Furuike ya/ kawazu tobikomu/ mizu no oto.

Compuesto en 1686, este poema probablemente sea la pieza más conocida de la literatura japonesa en Occidente. Se le considera arquetipo del haiku o jaiku, «la poesía de la intuición», como la llama R. H. Blyth, su gran intérprete en Occidente, (...)

Por hallarnos ante uno de los poemas más característicos de Bashō, y porque sin duda ayudará a entender la génesis de su arte y el ambiente que rodeaba a su autor, vamos a recordar las circunstancias en que se compuso, tal como nos han sido relatadas por Kagami Shikō, uno de sus discípulos:

Se dice que Butchō, maestro zen de Bashō, de camino hacia el templo de Chōkeiji de Fukugawa, cerca de Edo, fue a visitar un día al poeta en compañía de Rokusō Gohei. Este último, al entrar en la ermita de Bashō, exclamó:
-¿Cuál es el camino de la Ley de Buda en este jardín tranquilo, con sus árboles y hierbas? Bashō respondió:
-Las grandes hojas son grandes, las pequeñas son pequeñas. Butchō, que entraba entonces, dijo: -Últimamente, ¿a qué lugar has llegado?
Bashō contestó así:
-Pasada ya la lluvia, el musgo verde está en su frescor. Butchō volvió a preguntar:
-¿Cuál es la Ley de Buda, antes de que el musgo verde brotara? En este momento, oyendo el sonido de una rana que saltaba hacia el agua, Bashō exclamó:
-Al saltar una rana, ruido de agua (Kawazu tobikomu, mizu no oto).
Butchō se admiró de esta respuesta, considerándola como una prueba del estado de iluminación de Bashō. Entonces Sanpū (discípulo de Bashō) felicitó respetuosamente a su maestro por haber compuesto este verso, reconocido por Butchō, que añadía al arte, la gloria de la religión. Ransetsu (otro discípulo de Bashō, también presente) dijo:
-Esta frase del sonido del agua puede decirse que representa plenamente el significado del haiku; con todo, falta la primera parte del verso. Por favor, completadlo.
Bashō respondió:
-También yo he estado pensando sobre ello, pero me gustaría oír vuestras opiniones primero, y después decidiré.
Varios de sus discípulos lo intentaron, Sanpū sugirió para el primer verso (cinco sílabas): -Yoiyami ya (Tinieblas de crepúsculo)... Ransetsu: -Sabishisa ni (En la soledad)... Y Kikaku: -Yamabuki ya (La amarilla rosa de la montaña)...
Bashō, considerando todo esto, dijo:
-Todos y cada uno de vosotros habéis expresado en vuestro primer verso un aspecto del asunto, y habéis compuesto un verso que sobrepasa lo ordinario. Especialmente el de Kikaku es brillante y enérgico. Sin embargo, apartándome del estilo convencional, voy a componerlo así esta tarde:
-Furuike ya, kawazu tobikomu, mizu no oto (El viejo estanque. Al saltar una rana, ruido del agua).
A todos sobrecogió una profunda admiración. En estos versos, el ojo del haiku se abre plenamente. Mueve al cielo y a la tierra y a todos los dioses y demonios que los habitan a la admiración. Este es en realidad el camino de Shikishima, igual a la creación de un Buda. El Dharani de Hitomaru, la alabanza de Saigyō ante la llegada de Buda, están contenidos en estas diecisiete sílabas (3)”.

(3) Recogido por F. Rodríguez-Izquierdo en El haiku..., ob. cit., págs. 78-79, cuyo relato seguimos. También en D. Keene, World..., ob. cit., págs. 88-89.

Nota: Este texto corresponde a las páginas 531-533, del libro de Carlos Rubio; Claves y textos de la literatura japonesa. Una introducción. Ediciones Cátedra, Madrid, 2007. 715 págs.

martes, 23 de diciembre de 2008

Japón. De la katana al manga

En Japón. De la katana al manga, nos encontramos ante un mosaico de impresiones, escenas y anécdotas que, ateniéndose al orden cronológico, en su conjunto nos ofrecen una amplia imagen de la vida política y cultural japonesa desde la época del aislamiento aproximadamente 1600 hasta nuestros días. Abundan las anécdotas jugosas o significativas tratadas con una indulgente ironía -antológicas algunas como la del famoso Dr. Tadanobu Tsunoda, para quien el cerebro japonés procesa sonidos y palabras de forma diferente al cerebro occidental-, que a menudo dan pie a reflexiones o divagaciones críticas acerca de la evolución histórica y política del país del sol naciente en las que Javier Martínez opina sin cortapisas, con absoluta libertad, incluso con un sesgo de crítica, sobre acontecimientos y sobre personajes importantes de la historia y cultura japonesa: El siglo ibérico con la llegada de Francisco Javier; el shogun Iemitsu y su sakoku o país cerrado; la educación del emperador Meiji; la guerra civil; la Restauración; desde el feudalismo a la modernidad; las dos religiones Shinto y Budismo; los conflictos con China y Corea; la doctrina del Kokutai, un nuevo nacionalismo; la derrota y la ocupación; el desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial...
El estudio de Martínez propone no tanto un trabajo de investigación cuanto una síntesis, razonable y pertinente, de lo analizado durante décadas por estudiosos de los varios campos de la historia del arte, la literatura, la religión y la historia política de Japón. Pero, sobre todo ello, este libro tiene un aporte principal que sobrepasa el interés particular por la mera anécdota: enseña la extraordinaria densidad de la cultura y la tradición japonesa, la ligazón inextricable entre las manifestaciones religiosas, el culto popular, la historia, la iconografía, la literatura; la simbiosis entre la cultura religiosa y la política, y la necesidad de integrar históricamente todas estas disciplinas para comprender el pasado remoto e inmediato de un país. Es en este sentido, que Javier Martínez se pregunta: ¿Es Japón un país único?
En mi opinión, esa fascinación que nos producen los japoneses, por ser tan distintos, a nosotros los occidentales, es confirmada por una variada literatura, por ejemplo: Viaje al Japón, Rudyard Kypling; En el país de los dioses, Lafcadio Hearn; La espada y el crisantemo, Ruth Benedict; Japón en otoño, Pierre Loti; Japón: la estrategia de lo invisible, Michel Random. Para el sociólogo y antropólogo Renato Ortiz aunque existe una tendencia que sobrevalora la dimensión tradicional de la sociedad japonesa y que nos impide pensar su modernidad, en el contexto de la modernidad-mundo, no hay ni Oriente ni Occidente, es un fenómeno que traspasa los límites de las fronteras nacionales. De este modo, los japoneses son parte de un “nosotros”, problemático, contradictorio, que revela la expansión a nivel global de representaciones culturales.
Los estudios de Japón. De la katana al manga combinan la atenta lectura de los textos y sus contextos y el documentado aparato bibliográfico con la amenidad de una obra divulgativa, lejos de esa altanera erudición con que a veces nos atragantan los sabios investigadores de los estudios culturales. No se trata, por lo tanto, de una obra reservada sólo a especialistas, también el lector interesado por Japón y su cultura encontrará en estas páginas un espléndido panorama de personajes y eventos, ameno, de lectura fácil, escrito con gran rigor y con una sólida base documental.

Javier Martínez Herrero, nació en Soria en 1948. Realizó estudios de Filosofía y Letras en las universidades de Zaragoza y Poitiers, Francia. Su interés por el Extremo Oriente le llevó a Japón en 1971, país en el que reside desde entonces, dedicado al estudio de la cultura y sociedad japonesas. Compagina esta labor con la enseñanza en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Estudios Extranjeros de Kyoto.
Javier Martínez Herrero. Japón. De la katana al manga, Shinden Ediciones, 2008. 352 págs.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Perros calientes

Podríamos decir que este poemario de Alberto Silva se adscribe a esa idea de que Poesía y Vida van alambicadas; unidas en una especie de espiral casi a la manera del pensamiento dialéctico. Algunos críticos, académicos y escritores la definen como una estrecha relación entre la vivencia y la imaginación. Eso ocurre en todo lo que un poeta escribe, con mayor o peor fortuna, y en este libro se nota esta preocupación por la posibilidad de cercanía entre estos dos elementos: “descartando locuras, bajas y suicidios,/ dónde están esos chicos que hace tanto volvieron?/ verán la peli/ en el hospicio/ maniobrando con su silla de ruedas/ o si hay suerte en la barra del bar/ tomando cerveza y contando/ historias verdaderas o falsas sobre una guerra/ que les cayó de pronto/ como argolla de plomo en la garganta/ como engaño masivo/ como negra mortaja”. En la lectura detectamos alguna presencia de las vanguardias latinoamericanas en que la captación de lo nuevo representa en esencia un acto de creación o más bien la recreación de la realidad a través de una nueva perspectiva poética. En este sentido, un cosmopolita no es solo representado como ciudadano capaz de adoptar cualquier patria y como mera experiencia personal, sino que el cosmopolitismo interesa en tanto apertura de fronteras culturales y como conversión de ese factor histórico social en escritura: “Preguntado que de dónde era, respondía: Cosmopolita”
Siempre hay oriente y hay occidente/ siempre hay un griego, siempre hay un persa/ siempre franceses y siempre belgas/ hay los gallegos, los portugueses/ siempre habrá chinos y taiwaneses/ y japoneses frente a coreanos/ los madrileños, los catalanes/ ... siempre un adentro, siempre un afuera”.
El caminar, el deambular, del ente protagonista en los poemas de Silva, sucede al ritmo de la vida cotidiana y ofrece un espacio para el despliegue de las percepciones. La palabra que recoge las sensaciones está atenta a todo suceder del lenguaje en que confluyen los diferentes ritmos y velocidades de la lengua hablada: ese hablar cotidiano en donde más están la inteligencia y la energía: “se me quema el asado/ y el fuego que rutila que raspa y que muerde y que roe/ y desangra esa carne jugosa/ goteando sudores y babas en la pera mental/ de voyeurista hambriento/ de inapelables redondeles/ de ombligos torneados en el vértigo/ de mundos impalpables como en una pileta/ en que abismo mi olímpica audacia...”. Este territorio que trabaja Silva tiene que ver con ciertas tradiciones de la poesía argentina, pienso en la obra de Juan L. Ortiz, por ejemplo. En palabras de Hugo Gola: “Cuando aparece el lenguaje no es simplemente un recipiente de experiencias que se producen fuera de él, sino que se convierte en parte de esa experiencia”.
Perros calientes constituye un ejercicio de indagación e incluso de expurgación de ciertos dolores, de mucha rabia acumulada, en que Alberto Silva desvela su versión de una realidad con elementos entresacados de su experiencia sentimental con simples referencias a acontecimientos, algunos autobiográficos, pero tamizándola entre sueños, recuerdos, cruces, lecturas, viajes, polisemias, sugerencias, visiones, aventuras, privándolas así de su estricto significado verbal. De este modo nos ofrece un íntimo diálogo fraterno que nos puede salvar temporalmente de las incongruencias y el desorden de la vida. Pero además, esta poesía nos ofrece una posición diferente para situarnos frente a un mundo que, en la mayoría de los casos, nos sigue siendo hostil y que parece abocado a su autodestrucción por inanición moral: “...quizá de esto se nutre/ la estupidez socializada:/ respuesta agradecida de la plebe alas prodigalidades/ del señor que mande (como mínimo abarca a:/ sabios a sueldo del menos débil de los fuertes/ periodistas cautivos de la autocensura/ líderes de geometría muy variable...”. En otras palabras es la exploración de esa problemática relación entre un yo y sus mudables aunque inasibles circunstancias. Mediante la ironía, y la mirada oblicua, esa mirada tan nipona, sobre las cosas del mundo, Alberto Silva hace cómplice al lector ya que es un poeta sugeridor de espacios que libera momentos de pensamiento y que responde a un particular modo de entender el mundo que le rodea.

Alberto Silva nació en Buenos Aires. Es doctor en Letras por la Universidad de Paris Sorbonne. Publica ensayo y poesía para medios de Argentina y otros países. Sus últimos libros de poemas son El viaje (Paradiso, 2003) y Celebración del mar (Bajo la luna, 2004). Intimidad con las palabras está en curso de publicación. En 2007 apareció su Alada claridad (Pre-Textos, Valencia). Publicó El libro del Haiku (Visor, Madrid, 2008; Bajo la Luna, 2005) y Libro de amor de Murasaki (Pre-Textos, Valencia, 2008). Fue finalista de los concursos de poesía El Bardo (Madrid) y Ambitos Literarios (Barcelona). Perros calientes. Alberto Silva, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. 76 págs.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón

La editorial Trotta ha publicado por primera vez en español, desde el original japonés, el libro considerado la Biblia japonesa. Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón. Es un gran trabajo de traducción realizado por Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla. Con una introducción que es un verdadero ensayo explicativo del valor del libro y con notas a pie de página que aclaran al lector muchos aspectos culturales del “país del sol naciente”.El Kojiki es la obra conservada más antigua de Japón. Narra las tradiciones nacionales desde la edad mítica de los dioses hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628). Aunque fue ordenada por el emperador Temmu, fue presentada a su sucesora, la emperatriz Gemmei, treinta años después, el 9 de marzo del año 712. Desde diversos ángulos; filológico, histórico, antropológico, mitológico, literario, todos los estudiosos han reconocido la grandeza artística de esta obra milenaria. Sus leyendas, poemas y canciones poseen el primitivo encanto y la inocencia de la expresión de un pueblo en busca de su identidad cultural. Los pasajes más inspirados y bellos de la obra suelen estar relacionados con historias de amor, especialmente asociadas a raptos y a relaciones especialmente inaceptables.
Me interesa destacar el considerado primer poema japonés, para lo cual transcribo parte del capítulo donde aparece y su nota explicativa en la página 80.

“[Capítulo 14. EL MATRIMONIO DEL DIOS SUSANO Y SU DESCENDENCIA]

Después, [el dios] Susanō buscó un lugar donde construir su nueva morada en la provincia de Izumo. Al llegar a las tierras de Suga, dijo con satisfacción:
-Mi corazón se siente puro desde que he llegado aquí.
Y se construyó un palacio donde se quedó para vivir. Por eso, esa tierra es conocida todavía hoy con el nombre de «Suga». Cuando el dios edificó su palacio de Suga, se alzaron nubes por encima del palacio. Al verlas, Susanō recitó los siguientes versos:

Hay ocho nubes
en palacio de Izumo,
el de ocho vallas,
donde mora mi esposa,
de ocho vallas guardada.

Ya-kumo tatsu
Izumo ya-he-gaki
Tsuma gomi ni
Ya-he-gaki tsukuru
Sono ya-he-gaki wo

Luego llamó a Ashi-na-zuchi y le ordenó: -Serás el jefe responsable de mi palacio.

99. Este poema, que también figura en el Nihon shoki, es tradicionalmente considerado el primero de la literatura de Japón. Susanō pasa por ello como el creador de la poesía japonesa (waka). Marcará el modelo de versificación del futuro waka. La singular brevedad de su estructura formal, cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas, y que seguramente reflejaba el ritmo poético de canciones tradicionales, será el santo y seña de la posterior poesía japonesa clásica. Una concisión demasiado primordial la de esas 31 sílabas para no intentar respetarla en esta versión castellana. Puede consultarse su transcripción japonesa en el Anexo 1. La diáfana regularidad de la medición de sus cinco versos, por otro lado, hace al poema sospechoso de que pudo tratarse de una adición tardía al texto del Kojiki. En cuanto al significado del poema, ha sido diversamente interpretado como epitalamio, como plegaria propiciatoria en la ceremonia del inicio de la construcción de una casa, y como canción ritual para pedir la protección de los dioses de Izumo a una pareja de recién casados. Véase al respecto Yamaji Heishirō, «'Yakumo tatsu Izumo yaegaki', uta-ko»: Kokubungaku kenkyū 12/33, 1968, pp. 5-7)”.

Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón. Traducción del japonés de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla, Editorial Trotta, Madrid, 2008. 282 págs.

jueves, 28 de agosto de 2008

OUT, de Natsuo Kirino

Novela poliédrica Out, de Natsuo Kirino (su nombre real es Mariko Hashioka) es una novela poliédrica; posee muchas caras, demasiadas aristas a las que debe enfrentarse el lector. No es la típica novela negra o policíaca ya que una de sus características principales; la resolución de un enigma, está ausente. Es algo más íntimo al estilo macabro de Shirley Jackson que a la fórmula del estrado inglesa de Agatha Christie.
Aquí nos encontramos con la metrópolis del siglo XXI y con la vida de seres atrapados en un crimen que no es nada de extraordinario; al contrario, es un ingrediente propio de la sociedad contemporánea. Y sobre todo, de la sociedad japonesa que es una máquina trituradora de personas, al menos esa es la imagen que nos quiere presentar la autora.
Entonces nos encontramos con una novela que nos inserta en una historia moralmente ambigua, situada en un mundo mucho más real. La dimensión social, el retrato de la sociedad en su lado más negativo es lo que importa en Out. En este caso la sociedad japonesa muestra su otra cara, la más oscura, alienada e inefable y se mezclan en el relato el retrato sociológico y psicológico de las causas que impulsan al delito a personas aparentemente normales, inserto en una realidad protagonizada por mafiosos, que reflejan el hampa desde dentro.
Resalta el aislamiento de los personajes o de los individuos en una sociedad que no permite expresar las emociones. Es la incomunicación típica de “Perdidos en la traducción” y no en Tokio. Así las cuatro mujeres protagonistas, que trabajan como obreras nocturnas de una fábrica de comida precalentada viven aisladas y son disfuncionales tanto en la vida privada como pública.
Yoshie, “La Maestra”, una mujer viuda que debe cuidar de su suegra incapacitada una de cuyas hijas le roba dinero y la otra aparece y desaparece dejándola al cuidado de un nieto del que desconocía su existencia; Yayoi, joven, atractiva, casada y maltratada por un marido infiel y jugador empedernido que debe sacar adelante como puede a sus dos hijos pequeños; Kuniko, en los treinta, insatisfecha con su trabajo y con su vida, vive obsesionada por el lujo y la ostentación, incapaz de asumir sus limitaciones; y Masako, madura e inteligente y capacitada que ha tenido que cambiar de trabajo, cuyo marido duerme en una habitación separada sin más motivo que el hastío y cuyo hijo adolescente es un típico hikikomori que se niega a hablar hace varios años.
Cuatro mujeres que unen sus destinos el día en que Yayoi estrangula con un cinturón a su marido. Masako y las otras deben disponer del cuerpo. Dirigidas por Masako, las mujeres se comprometen en el negocio espantoso de liberarse, no sólo de la evidencia de su crimen, sino que de las cargas sociales y financieras que han estado sofocándolas. Las mujeres pasan de contrabando el cuerpo de Kenji a la casa de Masako y en este punto Kirino proporciona una descripción clínicamente detallada del cuerpo, rebanado, abierto, destripado, desmembrado, y los trozos puestos en las bolsas de la basura. Las mujeres finalmente en sus bicicletas distribuyen los pedazos mortales del hombre a los lugares de recolección de la basura alrededor de la ciudad.
Así como las cosas empiezan a ir bien, todo empieza a salir mal: por lo menos dos de las mujeres cometen errores infantiles, que traicionan y ponen en peligro a las otras, y Masako debe averiguar de una manera segura del peligro que amenaza destruirla. Y que no es otro que Satake, un enfermo mental, sádico y degenerado, dominado por sus sueños de placer y tortura.
Natsuo Kirino reconoció que se basó en un hecho real para escribir Out. En Inokashira Park, no lejos de donde ella estaba trabajando encontraron los restos de un hombre descuartizado. La esposa de la víctima fue inicialmente la principal sospechosa y fue la que definitivamente le proporcionó las ideas para Out.Este tipo de crímenes reciben el nombre de barabara shitai en japonés y han aumentado en los últimos años. Uno de los más sensacionales tuvo lugar en diciembre del 2006. Kaori Mihashi, de 32 años, asesinó a su marido, Yusuke, en su lujoso condominio de Shibuya, desmembró su cadáver y las porciones de él las distribuyó alrededor de la ciudad en bolsas de basura de vinilo. Lo curioso es que los medios de comunicación fueron convencidos inicialmente que posiblemente una banda compuesta por extranjeros estaba involucrada en esta espantosa matanza.

lunes, 11 de agosto de 2008

Borges en Japón

Jorge Luis Borges viajó a Japón en dos oportunidades; la primera, en noviembre de 1979; la segunda, en abril de 1984. Pero fue el primer viaje el que lo marcó, ya que estuvo casi un mes visitando ciudades, templos, jardines. Cuando se le preguntó cual era su impresión sobre el país, respondió: “La gente es muy amable y correcta. Tengo la impresión que el respeto a la moral y a la ética están muy difundidos en toda la sociedad. No ocurre lo mismo en Latinoamérica, donde hay gente que se comporta negativamente, que hace mal uso de su inteligencia, buscando engañar a otras personas. Tal vez sea la tradición de la novela picaresca. Son sociedades muy tolerantes con los pícaros. Incluso a los pícaros se los elogia. Esto es algo imposible de concebir en Japón”. Es una respuesta que a 29 años sigue vigente, aunque Japón ha cambiado bastante. A lo mejor no se podría sostener que en Japón no existen los pícaros...
Lo que quiero resaltar es que conviene leer el excelente libro de Guillermo Gasió, Borges en Japón. Japón en Borges. Nos encontraremos con la perspectiva de un viajero ciego y, según sus propias palabras, en el hermoso laberinto que es Japón.
Reseña de la contratapa del Libro:
“... desde una escritura que ejerce la insinuación y que ignora la hipérbole” [...] “desde tus muchedumbres en voz baja, he divisado tu superficie, oh Japón. En ese delicado laberinto...”. Así cantó Jorge Luis Borges al país que visitó en 1979 y 1983.
Estas páginas contienen el texto completo de una conferencia de Borges sobre sus experiencias con Japón; un simpático diario de viaje escrito por María Kodama: una síntesis del material publicado por la revista japonesa “Cahier” en octubre del 78 que ilustra acerca de cómo han leído a Borges los especialistas japoneses; la traducción completa de “Tributo al viajero”, libro que compila crónicas periodísticas, entrevistas. notas y apostillas publicadas con motivo del primer viaje de Borges a Japón; un sugerente artículo sobre la presencia de Japón en la literatura borgeana, según uno de los traductores de su obra al japonés, y la necrológica con que lo despidiera otro.
Guillermo Gasio -testigo de la presencia de Borges en Japón- ha preparado la versión en español, la compilación y la presentación de estos valiosos y heterogéneos ensayos, que la Editorial Universitaria de Buenos Aires ofrece en homenaje al gran escritor argentino.
JA 0030
ISBN 950-23-0403-9
Gasió, Guillermo. Borges en Japón. Japón en Borges, Eudeba, Buenos Aires, 1988. 160 págs.

lunes, 26 de mayo de 2008

Yakudoshi, los años de infortunios


En el libro Understanding Japanese Society, de Joy Hendry, se plantea, en uno de sus capítulos, que en muchos estudios antropológicos el ritual y la religión están estrechamente relacionados, aunque en las sociedades complejas no hay a menudo ninguna conexión particular entre ellos. También el término “Ritual” puede referirse al comportamiento, como los considerados de etiqueta que se deciden por la sociedad y en donde los individuos tienen la pequeña opción sobre su ejecución. En Japón hay muchos comportamientos que entran en esta categoría. Uno de ellos es el ritual, celebrado por la sociedad, asociado con el ciclo de la vida y con el pasaje de las personas japonesas a través de varias fases de la vida y de la muerte.

Entre ellos tenemos el yakudoshi, (que significa los años de calamidad) un ceremonial individual de la vida adulta que está asociado con ciertos años de edad cuando se piensa que las personas pueden ser particularmente vulnerables a enfermedades u otros infortunios. Las edades involucradas son 33 para las mujeres y 42 para los hombres. En algunas regiones se cree que el año anterior y posterior al cumplir esta edad tampoco es bueno y es conocido como maeyaku, el año anterior, y atoyaku, el año posterior.
Así, una visita del Año nuevo a un santuario es un momento apropiado para comprar un amuleto para protegernos, incluso se puede pedir un rito de protección para ser realizado por un sacerdote Shinto.

Existen varios santuarios que se especializan en esta actividad y en algunas áreas y regiones del país se organiza una fiesta y se entregan regalos apropiados a la ocasión.
Aunque generalmente se considera que las edades difíciles para los hombres son las edades de 25, 42 y 61, y para mujeres las de 19, 33 y 37, con algunas variaciones locales e históricas, los años más peligrosos y malos son los 42 para los hombres y 33 para las mujeres. Esto probablemente es porque los números 42 y 33 son fonéticamente los números desafortunados. Pueden pronunciarse “42 = shi-ni” que es homófono con la palabra “muerte”, y 33 = sanzan, cuando es pronunciado puede significar “difícilmente”, “terrible”, o “desastroso”.

Hendry, Joy. Understanding Japanese Society, RoutledgeCurzon, U.S.A., Third Edition, 2003. 265 págs.

viernes, 16 de mayo de 2008

Hikikomori, dejando el sol afuera

Leyendo el libro de Michael Zielenziger, Shutting out the sun. How Japan created its own lost generation, uno de los primeros aspectos que se examinan es la condición del hikikomori, los hombres jóvenes que se encierran con llave en sus cuartos para encontrar un pequeño solaz en una de las sociedades más grandes y pobladas. Después de entrevistarse con varios de ellos, con sus padres y cuidadores, y con el afán de encontrar alguna explicación en sus historias trágicas para el bloqueo social contemporáneo de Japón, el autor piensa y especula que la propia estrategia de supervivencia de Japón puede parecerse a la de los hikikomori, ellos se niegan al entorno y no logran la madurez necesaria para adaptarse al medio. Es decir, cierran la puerta y dejan el sol afuera.
Actualmente, en Japón, se estima que existen un millón doscientos mil hombres y muchachos que han escogido retirarse completamente de la sociedad. Estos solitarios se esconden en sus casas durante meses o años, negándose a dejar las paredes proteccionistas de sus dormitorios. Algunos de ellos están tan asustados como niños pequeños abandonados en un bosque oscuro. Enclaustrados por decisión propia pasan sus días jugando con sus consolas de videojuegos. Unos pocos -se estima que el 10 por ciento- son adictos al Internet. Muchos sólo leen libros, mangas o se pasan bebiendo cerveza y shochu. Otros no hacen nada durante semanas. Son incapaces de trabajar, asistir a la escuela o actuar recíprocamente con los extraños. Estos hombres -el 80 por ciento de hikikomori son varones- no pueden diagnosticarse como esquizofrénicos o deficientes mentales. Ellos no son depresivos o psicópatas; ni tampoco son el agorafóbico clásico que teme a los espacios públicos y abiertos. Generalmente cuando los siquiatras evalúan a estos hikikomori usando el Diagnóstico y el Manual Estadístico, o DSM IV, la guía normal que se usó en el Occidente para diagnosticar los desórdenes mentales, se dan cuenta que sus síntomas no pueden atribuirse a cualquier dolencia siquiátrica conocida. En cambio, los siquiatras japoneses dicen que el hikikomori es un desorden social que sólo recientemente ha sido observado, y que eso no puede encontrarse dentro de otras culturas. Hay un gran misterio atado a esta patología, uno que despierta la curiosidad de alguien que espera sondear la condición del Japón moderno.
Conozco dos mangas que se publican sobre esta patología, uno se llama NHK ni Yōkoso!, en el cual se presenta un intento de terapia y solución a esta aflicción y el otro Sayonara zetsubou sensei que trata de una estudiante hikikomori, ambos reflejan lo que es la vida de un Hikikomori.
Zielenziger, Michael. Shutting out the sun. How Japan created its own lost generation, Firts Vintage Departures Edition, EE. UU., 2007. 340 págs.

domingo, 20 de abril de 2008

Cien años de cine japonés

En este nuevo libro, Cien Años de cine japonés, Donald Richie ha ampliado y renovado el acercamiento hacia el cine japonés que expresara en su libro publicado en 1990. También ha retenido su sensibilidad a las circunstancias reales de producción cinematográfica (algo que los directores de cine consideran importantes, pero los historiadores y críticos pasan por alto a menudo). El por ejemplo desea mostrar el entreteje de las filmaciones con las contribuciones de directores, escritores, el cinematógrafo, actores, compositores, directores de arte, recursos financieros. Es así que analiza los temas importantes como las asunciones japonesas sobre “el realismo”, la respetabilidad creciente del “cine representacional”, la fusión de las culturas altas y bajas, la evolución del género, así como la emergencia del tema contemporáneo dominante, presente ya en Ozu, del fracaso de la familia.

En lugar de mantener los viejos modelos y teoremas, usa el libro como una oportunidad de aportar sus propias ideas en una reexaminación escrupulosa de cada película. Aparte de ayudarnos a hacer nuestra propia valoración de las películas que él discute, también hace un aporte muy útil cuando repasa los títulos seleccionados disponibles en VHS y formatos de DVD.

“Cien Años de cine japonés” también es un siglo de historia japonesa como la historia abordada por el cine: La democracia de la Era Taisho, los forcejeos tempranos de la izquierda, la militarización de Japón, la derrota, la ocupación norteamericana, la reactivación de postguerra y la depresión: En fin, se capturan los sueños colectivos y ansiedades del siglo japonés en sus películas.

Cien años de cine japonés, por Donald Richie. Kodansha International, 2001, 312 págs.

viernes, 18 de abril de 2008

The Midnight Eye Guide to New Japanese Film

Este libro surge de un trabajo de cuatro años de críticas, reseñas y entrevistas sobre el cine japonés para el website MidnightEye.com. La idea original era publicar El libro de MidnightEye, una colección o selección de las mejores reseñas, comentarios, entrevistas y ensayos del website en un solo volumen. Pero la idea creció en algo mucho más ambicioso. En lugar de recoger lo que ya existía, se decidió el uso del material como el punto de partida para hacer un nuevo libro, enfocado en los directores de cine principales que trabajan hoy en Japón.
La inmensa mayoría del material de este libro es completamente nuevo. Incluso los escritos que se publicaron previamente en el website, fueron revisados puestos al día y vueltos a escribir extensivamente. Da cuenta de una nueva generación de directores de cine aparecida en los años noventa que tiene sus raíces fuera de la industria cinematográfica tradicional. Ellos provienen de los experimentos subterráneos de 8mm, de las líneas de críticos cinematográficos, de las películas “rosa erótica” o porno, de la televisión, y del video juego. Directores de cine jóvenes cuyas actitudes y filosofías de cine eran completamente diferentes de aquéllos del periodo de los grandes estudios. Ellos eran independientes en el espíritu: artistas con nada para perder, pero con todo para ganar. Hoy, estos directores de cine son los que participan regularmente en el circuito de la fiesta cinematográfica internacional, son críticamente alabados, y son objeto de culto por una legión creciente de devotos en el mundo.
Aunque la mayor parte de los directores de cine japoneses todavía tienen que trabajar con presupuestos muy bajos y el apoyo gubernamental a la industria del cine es mínimo, comparado con quince o veinte años atrás ha habido un gran progreso y ha surgido una gran cantidad de talentosos directores. Este libro intenta presentar una selección de veinte de esos talentos y es un esfuerzo por entender y valorar el trabajo de algunos de los directores de cine más brillantes en el mundo del cine de hoy.

The Midnight Eye Guide to New Japanese Film
Reseñas de 97 filmes con un perfil biográfico y filmográfico de 20 directores japoneses contemporáneos: Seijun Suzuki, Shohei Imamura, Kinji Fukasaku, Sogo Ishii, Masato Harada, Kiyoshi Kurosawa, Studio Ghibu (Isao Tata y Hayao Miyazaki), Kaizo Hayashi, Shinya Tsukamoto, Takeshi Kitano,Ryosuke Hashiguchi, Takashi Miike, Makoto Shinozaki, Hirokazu Kore-eda, Shinji Aoyama, Naomi Kawase, Sabu (Hiroyuki Tanaka), Hideo Nakata, Akihitko Shiota.

martes, 20 de noviembre de 2007

Haikus de Hierba flotante

En el sitio de Kobayashi Issa en internet, que se lanzó en mayo del 2000, encontré varios haikus que abordan la hierba flotante. Este website se creó en la Universidad de Xavier de Louisiana como un proyecto de los medios de comunicación, patrocinado por el Centro de Enseñanza Avanzada. Una versión japonesa está ahora disponible. Todas las traducciones al inglés son de David G. Lanoue y se basaron en el zenshû de Issa (Nagano: Shinano Mainichi Shimbunsha, 1976-79) 9 volúmenes.
Kobayashi Issa, junto con Bashô, Buson, Shiki, es uno de los cuatro más grandes poetas de la tradición japonesa del haiku. El nació en el pequeño pueblo de Kashiwabara en las montañas de la Provincia de Shinano en el quinto día del Quinto Mes, 1763: El 15 de junio en el calendario Occidental. Él murió en el mismo pueblo el 5 de enero de 1828.
He seleccionado tres de sus haikus que ofrezco en mi precaria traducción al español.

1803
浮草の花より低き通りかな
ukikusa no hana yori hikuki tôri kana

duckweed blooms
and below that
a street

la hierba flotante florece
y debajo de ella
una calle

Makoto Ueda cree que éste es un boceto del barrio de Issa en 1803: una área al lado del Río de Tate en Edo (el Tokio de hoy) donde las calles eran más bajas que el nivel del agua; Rocío en el Césped: La Vida y Poesía de Kobayashi Issa (Leiden/Boston: Brill, 2004) 49.

1803
浮草や黒い小蝶のひらひらと
ukikusa ya kuroi ko chô no hira-hira to

duckweed
a little black butterfly
flitting

hierba flotante
una pequeña mariposa negra
revoloteando

Según los editores de zenshû de Issa, Issa habría pronunciado hierba flotante, ukikusa. La pronunciación moderna = ukigusa; (Nagano: Shinano Mainichi Shimbunsha, 1976-79) 1.403.

1812
浮草にぞろりと並ぶ乙鳥哉
ukikusa ni zorori to narabu tsubame kana

over the duckweed
one by one in a row...
swallows

encima de la hierba flotante
una por una seguidas...
las golondrinas

Según los editores de zenshû de Issa, Issa habría pronunciado hierba flotante, ukikusa. La pronunciación moderna = ukigusa; (Nagano: Shinano Mainichi Shimbunsha, 1976-79) 1.403.

viernes, 24 de agosto de 2007

Viaje al Japón

Este libro de Kipling, sobre su visita al Japón, se puede entender como el modo de contemplación que tuvo el autor frente a una realidad otra y extraña. De ahí que su mirada en sus varios contextos; histórico, político, biográfico y literario, sea la de un angloindio que compara desde su óptica propia; la de un partidario acérrimo de un dominio imperial inglés sublimado en forma de servicio, honor, valor, lealtad.
En el momento de máxima transformación de Japón, debido a la revolución Meiji, y recién promulgada la Constitución de 1889, Kipling observa y se burla de la coexistencia entre una tradición refinada y un arte poderoso y las innovaciones políticas y económicas que afean al país al tratar de nivelarlo con países occidentales.
Viaje al Japón definido como una joya de la escritura turística se queda en un esbozo blanco y negro, con sus exageraciones de lo seductor y lo siniestro configura una metáfora de un paraíso capaz de alojar al infierno dentro de su espacio terrenal.
Aunque es un texto de fragmentos amenos, vivos y coloridos presenta el desconcierto y la desorientación de quien está frente a un país sometido a cambios radicales que se desarrollan a ritmo desiguales en medio de la inercia de la tradición.
Desde su visión externa, de turista y de voyeur divide y clasifica a Japón en dos, por un lado, las geishas, los samuráis y el hara kiri y, en el otro, un país de samuráis que han canjeado el sable por un paraguas y el sombrero hongo; es decir, no existe por parte del autor ninguna implicación personal, por eso su frialdad clasificatoria.
El se reconoce como un turista que entra en contacto con un nuevo país, una raza completamente extraña y costumbres contrarias. Y a veces opina positivamente como cuando dice: “Los japoneses son un gran pueblo. Sus albañiles juegan con la piedra, sus carpinteros con la madera, sus forjadores con el hierro, y sus artistas con la vida, la muerte y todo lo que pueda captar la mirada”.
Rudyard Kipling (Gran Bretaña, 1865-1936)
Novelista inglés laureado con el Premio Nobel. Kipling escribió novelas, poemas y relatos ambientados principalmente en la India y Birmania durante la época de gobierno británico. Nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay (India) y a la edad de 6 años lo enviaron a estudiar a Inglaterra. Pasó cinco años en un hogar social de Southsea, experiencia detestable que describe en su relato “La oveja negra”. Regresó a la India en 1882 y a partir de ese momento trabajó para la Civil and Military Gazette de Lahore hasta 1889, en calidad de editor y escritor de relatos. Más tarde publicó Cancioncillas del departamento (1886), una serie de versos satíricos sobre la vida civil y militar en los cuarteles de la India colonial, así como una colección de sus relatos escritos para la prensa recopilados en Cuentos de las colinas (1887). Su fama literaria se consolidó con seis historias sobre la vida de los ingleses en la India, publicadas entre 1888 y 1889, que revelaban su profunda identificación con las gentes y el paisaje de su país. Posteriormente viajó por Asia y Estados Unidos, donde contrajo matrimonio con Caroline Balestier en 1892 y vivió durante un breve periodo en Vermont. En 1903, se estableció en Inglaterra. Kipling fue un escritor prolífico y popular. En 1907 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer autor inglés merecedor de este galardón. Falleció el 18 de enero de 1936 en Londres.
www.kipling.org.uk

Viaje al Japón. Ruyard Kypling, Edición de Emili Olcina, Editorial Laertes, Barcelona, 2001.