
Hace varias semanas fuimos con mi amiga Lidia a practicar con nuestras cámaras fotográficas. La meta era fotografiar los peces del acuario de Osaka. No fue una tarea simple y a pesar de los consejos de Xatakafoto, un blog buenísimo, muchas veces quedamos decepcionados del resultado, pero tuvimos algunos aciertos.

El Acuario de Osaka Kaiyukan fue inaugurado el 20 de julio de 1990. Es un acuario urbano bajo techo, considerado como uno de los más grandes del mundo, con un volumen total de 11.000 toneladas de agua.
Kaiyukan toma como base los temas de la zona volcánica del Pacífico, conocida como el Cinturón de Fuego, que engloba al océano Pacífico y la zona de la vida del Pacífico, o el Cinturón de la Vida, que se fundamenta en la hipótesis de Gaia: “Todas las criaturas que existen en la Tierra, que posee actividad volcánica, son un solo ser que actúa de manera recíproca”. Mediante 14 acuarios de gran tamaño se reproduce el medio ambiente natural de 10 regiones que circundan el océano Pacífico.

El recorido de Kaiyukan se inicia en “Aqua gate; El túnel rodeado de peces”, un acuario en forma de túnel, continúa por el “Bosque de Japón”, a través del cual se filtran los rayos del sol, y pasa al acuario principal del “océano Pacífico” con una capacidad de 5.400 toneladas de agua, donde se puede apreciar el “tiburón ballena”, el pez más grande del mundo.

Esta ruta se inicia en la superficie hasta llegar al lecho del mar, avanzando en sentido descendente, rodeando dos veces la cuenca del océano Pacífico. La distribución de los acuarios en Kaiyukan reproduce de la manera más fiel posible la relación geográfica que existe en la realidad. También se puede disfrutar de la “Sala de las medusas flotantes”, en la que se pueden apreciar diversos tipos de medusas, la “Galería de Kaiyukan” y la “Sala de Exposiciones Programadas”, donde se llevan a cabo diversas exposiciones especiales.

En Kaiyukan no sólo se exhiben peces, sino que también anfibios, reptiles, aves, y mamíferos, así como animales invertebrados y vegetales. En total se exponen unos 30.000 ejemplares de 580 especies de seres vivos, reproduciendo la naturaleza de la cuenca del océano Pacífico.















“Yo, que personalmente derroché el año pasado una fortuna muy poco compatible con mi situación en la construcción de una casa, he tenido una experiencia similar; como me empeñé en ocuparme de todos los detalles, desde los tabiques móviles hasta el último accesorio, tropecé con muchas dificultades. Los shōji, por ejemplo: apelando al buen gusto, no quise ponerles cristales y decidí utilizar solamente papel; pero entonces tuve problemas con la iluminación y además cerraban mal. Desesperado, se me ocurrió ponerles por dentro papel y por fuera cristal. Para ello tuve que poner marcos dobles a ambos lados y el gasto aumentó proporcionalmente; cuando por fin estuvieron colocados descubrí que, vistos desde fuera, no eran más que vulgares puertas de cristal y que vistos desde dentro, por culpa del cristal que había tras el papel, ya no tenían el ahuecado y la suavidad de los auténticos shōji; en una palabra, el efecto era bastante desagradable. Te dices entonces que hubiera sido mejor haber puesto unas sencillas puertas de cristal y acabas mordiéndote los puños; de otro nos reiríamos pero tratándose de uno mismo no es fácil admitir el propio error hasta que no se ha intentado todo”. (págs. 11-12)






Los veinte capítulos de la segunda parte recrean el ambiente del wakashu kabuki en el que los jóvenes actores -y a veces no tanto- se prostituían; el distrito teatral era el lugar permitido para que los hombres buscaran placer, todos los actores que nombra Saikaku existieron y fueron famosos en su época: por ejemplo, Tamamura Shuzen que cuando interpretaba papeles de mujer, volvía locos a los hombres de deseo y era sumamente talentoso en los modos del amor por los muchachos.
Fuente: El gran espejo del amor entre hombres. Ihara Saikaku. Interzona editora, Buenos Aires, 2003, 349 páginas.