miércoles, 11 de noviembre de 2009

El Acuario de Osaka Kaiyukan (I)


Hace varias semanas fuimos con mi amiga Lidia a practicar con nuestras cámaras fotográficas. La meta era fotografiar los peces del acuario de Osaka. No fue una tarea simple y a pesar de los consejos de Xatakafoto, un blog buenísimo, muchas veces quedamos decepcionados del resultado, pero tuvimos algunos aciertos.

El Acuario de Osaka Kaiyukan fue inaugurado el 20 de julio de 1990. Es un acuario urbano bajo techo, considerado como uno de los más grandes del mundo, con un volumen total de 11.000 toneladas de agua.

Kaiyukan toma como base los temas de la zona volcánica del Pacífico, conocida como el Cinturón de Fuego, que engloba al océano Pacífico y la zona de la vida del Pacífico, o el Cinturón de la Vida, que se fundamenta en la hipótesis de Gaia: “Todas las criaturas que existen en la Tierra, que posee actividad volcánica, son un solo ser que actúa de manera recíproca”. Mediante 14 acuarios de gran tamaño se reproduce el medio ambiente natural de 10 regiones que circundan el océano Pacífico.

El recorido de Kaiyukan se inicia en “Aqua gate; El túnel rodeado de peces”, un acuario en forma de túnel, continúa por el “Bosque de Japón”, a través del cual se filtran los rayos del sol, y pasa al acuario principal del “océano Pacífico” con una capacidad de 5.400 toneladas de agua, donde se puede apreciar el “tiburón ballena”, el pez más grande del mundo.

Esta ruta se inicia en la superficie hasta llegar al lecho del mar, avanzando en sentido descendente, rodeando dos veces la cuenca del océano Pacífico. La distribución de los acuarios en Kaiyukan reproduce de la manera más fiel posible la relación geográfica que existe en la realidad. También se puede disfrutar de la “Sala de las medusas flotantes”, en la que se pueden apreciar diversos tipos de medusas, la “Galería de Kaiyukan” y la “Sala de Exposiciones Programadas”, donde se llevan a cabo diversas exposiciones especiales.

En Kaiyukan no sólo se exhiben peces, sino que también anfibios, reptiles, aves, y mamíferos, así como animales invertebrados y vegetales. En total se exponen unos 30.000 ejemplares de 580 especies de seres vivos, reproduciendo la naturaleza de la cuenca del océano Pacífico.


El monte Fuji (II)

Algunas fotografías y datos del Fuji.







El Monte Fuji: Hechos y Cifras

Altura: 3.776 metros. Con toda precisión la altitud es de 3.775,63 metros, según las mediciones de 1962 efectuadas por el gubernamental Instituto de Estudios Geográficos. Sin embargo, las investigaciones para una precisión definitiva dan unos resultados algo diferentes, dependiendo del método de medición. En 1997 la Facultad de Ciencias de la Universidad de Shizuoka empleó la última tecnología y determinó una altitud de 3.776,224 metros.

Cráter de la cima: unos 800 metros de diámetro y 200 metros de profundidad.

Volumen: 1.397 Km. cúbicos.

Diámetro de la base: unos 39 Km. este-oeste y 38 Km. norte-sur.

Precipitaciones: Unos 2,2 miles de millones de toneladas de lluvia y nieve caen en la montaña todos los años. Eso equivale al agua contenida en 11.000 barcos petroleros gigantescos, cada uno de ellos con una capacidad de 200.000 toneladas.

Volumen de agua de los manantiales de montaña: Todos los días fluyen unas 1,5 millones de toneladas de agua procedente de los manantiales hacia los tres sistemas de drenaje más importantes: el río Kakita, el estanque Wakutama Ike y los ocho estanques de Oshino Hakkai. Si incluyéramos los otros sistemas de drenaje del monte Fuji, el tonelaje sería mayor.

Cifra anual de personas que ascienden al monte: Unas 300.000 (todas durante la temporada de ascenso de julio y agosto). Lo cual significa un promedio de unas 5.000 al día. Oficialmente la subida a los lugares altos está prohibida durante los otros 10 meses del año.

Punto panorámico más lejano que se ve desde el monte Fuji: El monte Myoho en Nachi-Katsuura-cho, prefectura de Wakayama, a una distancia de 322,6 Km.

Cifra de familias con el apellido Fuji: 362 (ocupa el número 6,479 entre los apellidos más comunes de Japón). Cifra de familias con el apellido Fujiyama: 17 (ocupa el lugar número 39,549 entre los apellidos más comunes de Japón. Nótese que el nombre japonés de la montaña es “Fuji-san,” no “Fujiyama”) Fujio es un nombre bastante habitual de hombre, y Fujiko de mujer.

Estos datos han sido tomados de:

Fuji-san Tembo Hyakka, publicado por Jitsugyo no Nihon Sha, Ltd.

Fuji-san Hakken Nyumon, publicado por Kobunsha Co., Ltd.

Fuente: NIPPONIA No.35 15 de Diciembre, 2005

martes, 10 de noviembre de 2009

El monte Fuji (I)

He vuelto… a subir por segunda vez el monte sagrado de Japón. Junto a mi amigo Kuniyoshi ascendimos el Fuji-san en la segunda semana de agosto, en pleno verano. La aventura se inició en Shinjuku, Tokio, donde partían los buses que nos dejaban en la quinta estación. Desde ahí, tendríamos que comenzar el ascenso a las diez y media de la noche, para tratar de llegar a la cima aproximadamente a las cuatro de la madrugada, hora en que sale el sol. Fue una experiencia inolvidable y plena de anécdotas. Recordé un capítulo del libro de Lafcadio Hearn, del cual transcribo un fragmento:

“4. FUJI-NO-YAMA

Kite miréba,

Sahodo madé nashi,

Fuji no Yama!

[Visto de cerca, el monte Fuji no está

a la altura de nuestras expectativas.]

FILOSOFÍA PROVERBIAL JAPONESA

La vista más bella del Japón, y sin duda una de las más bellas del mundo, es la aparición lejana del Fuji en los días despejados, sobre todo en los días de primavera y otoño, cuando la mayor parte de la cumbre está cubierta por nieves tardías o muy tempranas. Rara vez puede distinguirse la base sin nieve, que conserva el mismo color que el cielo: sólo percibes el cono blanco que parece colgar del cielo; y la comparación japonesa de su forma con la de un abanico invertido y a medio abrir adquiere una precisión extraordinaria merced a las finas vetas que se extienden hacia abajo desde la hendida cumbre, como sombras de las varillas de un abanico. La visión parece incluso más frágil que un abanico; es más bien el espectro o sueño de un abanico; sin embargo, la realidad material que se alza a cien millas de distancia es grandiosa entre las montañas de la tierra.

Con una altura de casi 12.500 pies, el Fuji es visible desde trece provincias del Imperio. Sin embargo, está entre las montañas altas más fáciles de subir y durante mil años ha sido escalada cada verano por multitud de peregrinos. Pues no es sólo una montaña sagrada: es la montaña más sagrada del Japón, la más santa eminencia de una tierra llamada divina, el Altar Supremo del Sol; y subirlo por lo menos una vez en la vida es una obligación de cuantos veneran a los antiguos dioses. De modo que, cada año, desde todos los distritos del Imperio, los peregrinos emprenden el camino del Fuji; y en casi todas las provincias hay cofradías de peregrinos -Fuji-Kó- organizadas con el fin de ayudar a quienes desean visitar la cumbre sagrada. Si bien no todo el mundo puede llevar a cabo en persona este acto de fe, sí puede hacerlo al menos mediante un representante. Cualquier aldea, por remota que sea, puede ocasionalmente mandar a un representante para que rece ante la divinidad del Fuji, y salude al Sol naciente desde esa sublime eminencia. Así, una sola cofradía de peregrinos puede estar compuesta por hombres de cien poblados distintos”.

Fuente: Hearn Lafcadio, En el país de los dioses. Relatos de viaje por el Japón Meiji, 1890-1904. El Acantilado, Barcelona, 2002. 325 págs.

domingo, 22 de marzo de 2009

Fotografías en el río Kamo

La semana pasada, con mi amiga Lidia, decidimos hacer una sesión de fotografías por el río Kamo en Kyoto. Así que tomamos nuestras cámaras Canon 450D y nos fuimos caminando por la orilla desde Demachiyanagi hasta Sanjo. El tema que nos propusimos fotografiar era flores y aves. Fue un día con mucho viento y frío y lamentablemente no habían muchas flores, pero les dejo algunas instantáneas.

sábado, 21 de marzo de 2009

La ventana de Tanizaki

Visité esta semana el Museo de literatura en Memoria de Junichiro Tanizaki en Ashiya, pequeña ciudad entre Osaka y Kobe. En la visita me llamó la atención una ventana con vidrio y papel japonés. Me recordó un pasaje de El elogio de la sombra, uno de los famosos ensayos de Tanizaki. Les dejo las fotos de la ventana y transcribo el párrafo de la edición de Siruela, donde el autor se queja de la mala elección al tratar de combinar la modernidad con la tradición.
“Yo, que personalmente derroché el año pasado una fortuna muy poco compatible con mi situación en la construcción de una casa, he tenido una experiencia similar; como me empeñé en ocuparme de todos los detalles, desde los tabiques móviles hasta el último accesorio, tropecé con muchas dificultades. Los shōji, por ejemplo: apelando al buen gusto, no quise ponerles cristales y decidí utilizar solamente papel; pero entonces tuve problemas con la iluminación y además cerraban mal. Desesperado, se me ocurrió ponerles por dentro papel y por fuera cristal. Para ello tuve que poner marcos dobles a ambos lados y el gasto aumentó proporcionalmente; cuando por fin estuvieron colocados descubrí que, vistos desde fuera, no eran más que vulgares puertas de cristal y que vistos desde dentro, por culpa del cristal que había tras el papel, ya no tenían el ahuecado y la suavidad de los auténticos shōji; en una palabra, el efecto era bastante desagradable. Te dices entonces que hubiera sido mejor haber puesto unas sencillas puertas de cristal y acabas mordiéndote los puños; de otro nos reiríamos pero tratándose de uno mismo no es fácil admitir el propio error hasta que no se ha intentado todo”. (págs. 11-12)
Shōji: Tabique móvil formado por una armadura de listones de cuadrículas apretadas, sobre la que se pega un papel blanco espeso que deja pasar la luz, pero no la vista. Los shōji eran hasta hace poco el único cerramiento de la casa japonesa. Por la noche, les añaden otros tabiques (amado), también corredizos. Hoy en día, los shōji suelen estar precedidos, o incluso sustituidos por puertas acristaladas.

Fuente: Junichiro Tanizaki. El elogio de la sombra, Siruela, Madrid, 1995. 95 págs.

martes, 10 de marzo de 2009

Arte chino contemporáneo en Japón

Con mi amiga Kimie fuimos la semana pasada al Museo Nacional de Arte en Osaka a mirar la exposición “Avant-Garde China”, 20 Years Chinese Contemporary Art.
Se considera que el arte chino contemporáneo habría empezado en 1979 cuando el Grupo de juego las Estrellas (Xingxing) de Beijing impulsó el movimiento para exigir libertad de expresión. La Revolución Cultural finalmente había ejecutado su política y el país estaba surgiendo en ultramar de su aislamiento cultural con la introducción gradual de nuevas tendencias del arte.
En los años siguientes, el arte chino contemporáneo reflejó directamente el impacto de eventos políticos como los de la Plaza de Tiananmen de 1989 y el rápido crecimiento económico que acompañó la transición a una economía de mercado.
El título de la exhibición, “China los Vanguardista”, un término que puede ser anticuado en los países Occidentales y en Japón, pero que en China ha asumido el nuevo y dinámico significado en el contexto del arte de hoy. Con la Revolución Cultural detrás y por delante de ellos la nueva corriente de la política del país de “apertura y reforma”, los artistas chinos alojaron en un súbito descenso, el espectro entero del arte moderno del siglo XX, desde Marcel Duchamp a Robert Rauschenberg todo a la manera de Jeff' Koons. Y en un periodo muy corto de tiempo, todos ellos habían abierto el camino a un nuevo mundo entero de expresión propia. La evolución extraordinaria del arte chino contemporáneo, diferente a lo visto en cualquier otra parte en el mundo, con su lanzamiento de experimentalismo radical y crítica, es el producto de esta historia dramática.
La exhibición muestra los trabajos de artistas principales de las distintas etapas del arte chino contemporáneo que abarca dos décadas, desde sus principios alrededor a mediados de 1980, a través de las actividades del grupo radical conocido como el “Movimiento de la Nueva Ola 85” y “El Estallido Político” -con sus tratamientos satíricos del capitalismo- a el “Realismo Cínico” de la generación actual que sufrió la derrota y el retroceso del movimiento de democratización. Esta exhibición ha permitido conocer el linaje y desarrollo del arte chino contemporáneo y ha ofrecido una oportunidad única de aprender y comprender más sobre la historia de artistas y trabajos que están logrando la atención mundial.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ihara Saikaku en un shotengai

Caminando por uno de los pasillos de un shotengai en Osaka entre Yodoyabashi y Umeda me encontré con una librería de libros usados. Entre los anaqueles de viejos y nuevos libros japoneses, en el sector de revistas, estaba escondida, esperando agazapada, “la joyita”. Un monográfico de Ihara Saikaku, con toda la vida de él e ilustrado con bellas imágenes.
Reescribo algo de lo que afirmé cuando en Argentina se publicó su libro El gran espejo del amor entre hombres, (Nanshoku okagami).
Son cuarenta historias de amor desgraciado que se entrelazan entre sí, con un tono emotivo y sensual. Los primeros veinte relatos tratan del amor romántico entre los samurái con una visión nostálgica e idealizada, se describen estas relaciones como un verdadero matrimonio -un notable vínculo kármico- con intercambio de promesas de fidelidad y lealtad puestas por escrito; destacan las referencias a la incertidumbre y a la casualidad del destino de los amantes: la máxima prueba de amor de una relación entre samurái era el seppuku, un complejo ritual de suicidio. Los veinte capítulos de la segunda parte recrean el ambiente del wakashu kabuki en el que los jóvenes actores -y a veces no tanto- se prostituían; el distrito teatral era el lugar permitido para que los hombres buscaran placer, todos los actores que nombra Saikaku existieron y fueron famosos en su época: por ejemplo, Tamamura Shuzen que cuando interpretaba papeles de mujer, volvía locos a los hombres de deseo y era sumamente talentoso en los modos del amor por los muchachos.
Estas historias confirman un mercado literario, un público lector: los comerciantes y la burguesía necesitaban recrearse en lecturas en que reconocían a personajes del entorno. Saikaku, que nació en Osaka (1642-1693) -su tumba cerca de Uehommachi siempre tiene flores- y fue un activo participante y testigo de las diversiones en los barrios de placer -Kioto, Osaka y Edo- , se transforma, así, en el cronista de los acontecimientos de su época. Ficcionaliza los eventos con sutiles referencias a la vida, pero con una ironía y humor que desenmascara conductas estereotipadas de un mundo de convenciones. No es casual esta actitud, ya que en los ambientes prostibularios o en los teatros populares era común mofarse de las reglas rígidas y de las costumbres de la corte o de leyes restrictivas respecto a la moral. Es un espejo en el sentido de mostrar o reflejar una época desde su propia perspectiva: "He intentado reflejar en este 'gran espejo' (tiene una delicada connotación erótica) todas las variadas manifestaciones del amor entre hombres". También afirma: "El amor por los muchachos es algo profundo,... apunté todo lo que había visto, oído, sentido o aprendido sobre los extraordinarios placeres del amor entre hombres en mis 42 años de viajes por estas tierras".
Fuente: El gran espejo del amor entre hombres. Ihara Saikaku. Interzona editora, Buenos Aires, 2003, 349 páginas.